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Juan José Millás.

Un vistazo

Leo en un libro de Andreu Escrivá (’Y ahora yo qué hago’) que cada año sacrificamos en todo el mundo alrededor de 60.000 millones de pollos. 

Sesenta mil millones.

No soy capaz de imaginar tanta carne. Tantos huesos. Por cierto, que mi nieto me dijo que su esqueleto es de ave. Ignoro de dónde ha sacado esa idea, cómo se le puede haber ocurrido una fantasía tan inquietante. Me quedé mirándolo, tan pequeño, tan frágil, y sentí un deseo irrefrenable de protegerlo. Pocos días después, fui a un establecimiento que hay cerca de casa donde venden pollos asados. Compré uno porque no tenía ganas de cocinar, y mi mujer y yo nos comimos la mitad. El resto estuvo en la nevera tres días, detrás de medio melón plastificado, y al fin tuve que deshacerme de él. Lo arrojé a la basura, residuos orgánicos. Significa que uno de los 60.000 millones de pollos que matamos al año ha estado en nuestro hogar. Hemos sido partícipes de ese sacrificio animal ofrecido a la economía globalizada.

¿Dónde nació ese pollo? ¿Dónde perdió la vida? ¿Dónde lo desplumaron? ¿Cómo se llamaba el conductor que lo condujo desde el lugar de su muerte al asador de cerca de mi casa? Fui con mi nieto (el del esqueleto de ave) a los chinos de la esquina para comprarle unas chucherías con forma de nubes (así es como se llaman, nubes) y le pregunté a la señora que nos atendió de dónde venían esas nubes. Me dijo que no tenía ni idea, como si el aire las hubiera arrastrado hasta su establecimiento. Estaba atónito, llevo varios días atónito, pensando en esos 60.000 millones de pollos que representan 120.000 millones de patas, cada una con sus cuatro dedos. ¿Adónde habrán ido a parar todos esos dedos?

Me acerco al híper para comprar una copa de vino, pues se me ha roto la que suelo utilizar. Me cuesta menos de cinco euros y se trata de un objeto bellísimo, tallado, transparente: una escultura. ¿Cuántas como esta se rompen al año en todo el mundo? ¿De dónde proceden las nuevas? ¿Quién las fabrica? Necesito averiguar cosas que hasta ayer me importaban un rábano. Me va en ello la vida. Y todo gracias a la lectura del libro citado más arriba. Échenle un vistazo.

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