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Mercè Marrero

Cariño, no es lo que parece

   Una mujer en mi barrio conduce un vehículo que, como diría mi amiga Pili, es bastante anodino. Lo suficiente como para ni siquiera saber la marca, añado yo. Fruto de mi perfil algo obsesivo, sí sé que el resultado de la suma de los números de su matrícula es múltiplo de tres. Eso y que es de color blanco. El otro día pasó por delante del portal de casa y la vecina con la que charlaba me aseguró que la conductora es riquísima, que el dinero le viene de familia, que vive de rentas y que, sobre todo, es muy humilde. Cosas veredes. En la misma línea, un cocinero estupendo me cuenta que su negocio le va bastante bien. Llena su restaurante, los clientes están satisfechos y repiten. A pesar de ello, ni comparte sus éxitos, ni cuelga las fotos de su local en ninguna red social porque ahora, según sus palabras, hay que ser discretos. La falta de discreción ha hecho que un amigo se haya enterado de que su pareja le pone los cuernos. Dice que lo que le ha molestado de verdad es haberlo averiguado. Que comprende que alguien eche una canita al aire, pero que le repatea saberlo: «Porque al tener esa información mi parte racional impide que mi área emocional remonte». Alejandro Sanz nos canta que no es lo mismo «ser que estar» y yo veo su apuesta y la doblo. No es lo mismo ser, estar ni parecer. Estamos tristes, pero necesitamos aparentar que estamos alegres. Y viceversa. Nos aburrimos, pero deseamos mostrar que nuestro día a día es una yincana de diversión o, a pesar de sentir miedo, vamos de bravucones por la vida.

Veo a Fernando Simón en Planeta Calleja. El médico camina por sa Dragonera, bucea en cuevas, trepa piedras y hace pan con Miquel Montoro y me pregunto qué es lo que realmente ha molestado tanto a todos los que escupen su odio en redes y le han puesto de vuelta y media. Dudo que se pueda cuestionar que alguien, tras unos meses intensos, se haya tomado unos días de vacaciones. Máxime si tenemos en cuenta que lleva su teléfono en el bolsillo, porque ya se encargó él de aclararlo, y que está a una hora de la capital. Creo que lo que de verdad crispa a esos que vomitan insultos es que Fernando Simón no aparente estar haciendo algo que no hace. O ser alguien que no es. Hoy es el médico y mañana cualquier otro. Huyo de quienes creen tener criterio para juzgar cómo debería una persona vivir su vida y gestionar su tiempo libre.

Nos hemos convertido en expertos de todo en general y de nada en concreto. Como en redes sociales nuestra opinión tiene el mismo espacio e importancia que la de un Premio Nobel de Medicina, la de un periodista o la de un economista, nos lanzamos a la piscina y juzgamos las apariencias, sin tener ni idea de lo que hay detrás. En estas circunstancias, entiendo que nadie se atreva a cambiar de coche, a mostrarse agradecido por llenar un restaurante o a pasar página. Mejor seguir con el «cariño, no es lo que parece», aunque todos sepamos que sí es lo que parece y que, además, no pasa nada. 

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