El 4 de diciembre de 2015 el presidente Juan Manuel Santos anunció en un tuit el hallazgo del galeón San José hundido en 1708 por piratas ingleses cerca de Cartagena de indias, en aguas territoriales del Virreinato del Perú -hoy de la República de Colombia- y en plena guerra por la corona española entre Felipe V (Borbón) y el archiduque Carlos (Austria). Al día siguiente el presidente señaló que se trataba de uno de los más grandes hallazgos de patrimonio sumergido, si no el más grande dicen algunos, de la historia de la humanidad. El  12 de octubre de 2020 un grupo de abertzales (nacionalistas e independentistas vascos) e indigenistas españoles derribaron las figuras (en cartón) de Felipe VI y Cristóbal Colón en la plaza del Castillo de Pamplona, las últimas en la oleada de derribos de estatuas del genovés, conquistadores españoles y esclavistas europeos en varias ciudades del mundo, que se inicia el año pasado en Chile. Entre el 12 y el 16 de octubre se desarrolló el importante Seminario Internacional Ni descubiertos ni vencidos: Historias Intelectuales subalternas e indígenas en el período colonial, con la presentación de quince ponencias entre las cuales cabe destacar dos:  

La de Ana María Ferreira, sobre la Instrucción que Diego de Castro Titu Cusi Yupanqui envía a Felipe II en 1570; y la de Rocío Quispe-Agnoli, sobre el sistema de castas (socio-raciales) que describe Felipe Guamán Poma de Ayala en su Nueva Crónica y Buen Gobierno (1193 páginas, y 392 dibujos) enviada en 1615 a Felipe III quien, al parecer, nunca la recibió. El 19 de octubre llega a Bogotá la Minga Indígena por la Vida, el Territorio y la Paz, organizada por el Consejo Regional Indígenal del Cauca (CRIC), creado en febrero de 1971. La Minga regresa -sin haber logrado hablar con presidente Iván Duque-, el mismo día en que en el Parlamento español se derrotaba la moción de censura contra el Gobierno presentada por la ultra derecha (VOX).

Como ante este mix histórico alguien puede preguntar qué tienen que ver -en plena pandemia y crisis económica y social a nivel global- el galeón San José con la plaza de Bolívar; Colón con Titu Cusi; los abertzales con Felipe II; Santos con Guaman Poma, el presidente Duque con Felipe V, o la Minga indígena con el Parlamento español, lo explicaré con el enunciado de un concepto -en construcción-, sobre cuya validez teórica o metodológica y pertinencia histórica (étnica, social y cultural), he preguntado al CRIC; a las/os ponentes del Seminario Ni-Ni; a la Comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), por su Comunicado del 5 de octubre; al Parlamento español, y al escritor colombiano William Ospina. 

Se trata del mestizaje iberoamericano, entendiendo por ello el intenso, complejo, desigual y contradictorio proceso de interacción entre personas, pueblos y culturas que se inaugura en la Abya Yala o Pacha Mama con la llegada de 90 hombres europeos en tres carabelas, el 12 de octubre de 1492. Proceso con pausas (a re-sentir) y conflictos (a re-conocer), que ha sido plasmado de forma unívoca y acomodaticia en libros escolares y en monumentos y estatuas en espacios públicos de ciudades en los 22 países que conforman la Comunidad Iberoamericana, ubicados en tierras de originarios arhuacos, awacs, incas, mapuches, mayas, tainos y otros; con la aportación forzada e irreversible de hombres y mujeres de África central. Pero también de astures, celtíberos, cántabros, tartesios o vascones, invadidos por romanos y árabes.  

Este mestizaje supera en todo al colonial, reducido al cruce de blancos/as con indias/os; el que Guaman Poma despreciaba cuando no era con la nobleza inca (de la cual era descendiente) y que subsiste en las repúblicas. En Colombia, con alto grado de racismo, clasismo y machismo de raíces europeas e indígenas y mayoritaria población mestiza, sigue siendo común usar la palabra indio como ofensa. Por ello no han extrañado los ataques a la Minga por parte de una senadora heredera de ingenios azucareros esclavistas y encomiendas creadas sobre tierras indígenas; pero preocupa el alegato del señor Santiago Abascal (presidente de VOX) a favor de una iberoesfera imperiofílica, como alternativa a una milenaria/incipiente Iberoamérica que si no es apuntalada por sus integrantes, puede terminar diluida en esferas geopolíticas insolidarias.

El próximo 4 de noviembre se realizará (telemáticamente) el VII Congreso Iberoamericano de Cultura, en preparación de la XXVII Cumbre convocada para el 21 y 22 de abril de 2021 con el lema de Innovación para el desarrollo sostenible - Agenda 2030. Una innovación, un desarrollo y una sostenibilidad con justicia social que, en la era Pos-Covid-19, deberá apoyarse en la fraternidad humana que plantea la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco; y en la solidaridad mestiza entre los 670 millones de personas que formamos la Comunidad Iberoamericana. Si el galeón San José es metáfora de la historia de Colombia en el libro de Nelson Fredy Padilla (Aguilar, 2018), el barco tiene más peso y galones para serlo del mestizaje iberoamericano, se rescaten (o no) sus supuestos tesoros: Cada vecina/o de cada barrio vale más que un Potosí!!!