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Julio Monreal

Cañones y mantequilla

José Ignacio Goirigolzarri y Juan Roig

José Ignacio Goirigolzarri y Juan Roig

En su «Curso de economía moderna» (1948), el premio Nobel Paul Samuelson utilizaba una renombrada parábola para fjar los conceptos de ventajas competitivas y coste de oportunidad. Se preguntaba el eminente economista si un país debería dedicar sus recursos a fabricar cañones, a producir mantequilla o a darse a la proporción adecuada de unos y otra en función de sus prioridades. Lo recordaban esta semana los presidentes de Mercadona y Bankia, Juan Roig y José Ignacio Goirigolzarri, sobre el escenario del Palau de les Arts con ocasión del congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos que preside Isidro Fainé.

Dialogaban los dos grandes de firmas españolas con sede en València sobre si había que dar prioridad a la salud o a la economía en estos tiempos de pandemia, y concluían, como es lógico, y más en un foro empresarial, que no hay salud sin economía ni economía sin salud. Apuntaba Roig que una y otra son como respirar y comer. Si un cuerpo no toma aire no hay comida ni vida; y si no ingiere alimento, el final es idéntico. En eso coinciden con la catedrática de Ética Adela Cortina, quien tampoco ve dilema entre los dos aspectos en crisis por el coronavirus al defender que la actividad económica es una parte sustancial de la salud individual y social, un punto de vista que compartían los altos cargos de las principales empresas españolas presentes en Les Arts, quienes concluyeron la jornada pidiendo a las instituciones marcos jurídicos y económicos estables para mantener la actividad económica en todo lo posible al tiempo que se lucha contra la pandemia.

Ante Felipe VI y la vicepresidenta Nadia Calviño, el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, agradeció la elección de València para la cita patronal, una pieza más en la defensa de un modelo policéntrico en lo político, lo económico, lo sanitario y todo lo demás, alejado de la aspiradora madrileña que chupa recursos hacia el interior de la M-30 y se autodefine como el ombligo de la nación etiquetando a la Comunitat Valenciana como «Madrid Este», expresión del Molt Honorable en un gracioso pero amargo chiste.

Puig se jactó ante los integrantes de CEDE (no suele hacerlo) de que la Comunitat se haya convertido en un espacio idóneo para la banca, ya que por estas riberas han instalado sus sedes Bankia, Caixabank, Banco Sabadell o Mediolanum, y lo hizo consciente del efecto reputacional y multiplicador que tienen decisiones como éstas.

El más reciente gesto con la gran banca española ha venido de la mano del alcalde de València, Joan Ribó, quien ha optado unilateralmente por dedicar los 32 millones de euros de ahorros municipales -remanentes- por cuya disponibilidad tanto luchó con el Gobierno de España, a amortizar deuda con el BBVA en lugar de dedicarlos a la emergencia sanitaria y sus efectos económicos y sociales. Para sorpresa (e indignación) de sus socios socialistas, la oposición del PP y Ciudadanos, la patronal, los sindicatos y a buen seguro muchos de sus correligionarios de Compromís, 32 millones de absoluta libre disposición no se destinarán a luchar contra el coronavirus y ayudar a sus víctimas sino que volverán a la banca rompiendo el discurso de la prioridad social y el no dejar a nadie atrás.

El alcalde Ribó se sumó pronto a las voces municipales qe exigían al Gobierno de Pedro Sánchez que derogara la regla de gasto que impedía disponer de los ahorros de los ayuntamientos, vigente desde el mandato del ministro Cristóbal Montoro. Fruto de esa presión, y de las circunstancias de la pandemia, el pasado martes el Congreso de los Diputados validaba un acuerdo del Consejo de Ministros del 6 de octubre por el que, en atención a la emergencia de la pandemia, quedaba suspendida la regla de gasto de Montoro y desbloqueado el uso de los remanentes municipales para 2020 y 2021, a fin de permitir que las administraciones públicas puedan hacer frente a la emergebcia sanitaria e impulsar la recuperación económica y social. El mismo viernes por la mañana, una circular de la Federación Española de Municipios y Provincias confirmaba los efectos inmediatos del acuerdo adoptado en el Congreso el martes, pero Ribó ya había tomado la decisión y no daría marcha atrás, asumiendo él personalmente la iniciativa del destino de los fondos para la banca (el concejal de Hacienda, Borja Sanjuán, se negó a firmarla) y abocando a Sandra Gómez y a los ediles socialistas a votar en contra del punto en la Junta de Gobierno, una situación que se ha producido solo una o dos veces en los cinco años y medio de gobierno de coalición.

Los antiguos camaradas de Ribó en el Partit Comunista del País Valencià (PCPV), del que fue secretario general, se habrán rasgado las vestiduras al ver cómo 32 millones de euros de libre disposición vuelan hacia la caja fuerte de la gran banca cuando hay tantos frentes que atender. Baste recordar que en mayo pasado, más de 14.000 autónomos y profesionales de la capital solicitaban las ayudas extraordinarias, de hasta 3.000 euros, y solo 1.100, el 8 por ciento, accedía a las mismas, dotadas con un presupuesto de 3,7 millones de euros, luego ampliados a 5 millones. desde la primavera hasta hoy, cientos de negocios han cerrado la persiana, muchos para siempre, y las listas del paro no dejan de aumentar en una economía noqueada por el coronavirus.

Con una deuda que el gobierno de coalición ha rebajado del 105 % de los ingresos en 2015 al 34 % en este año, principalmente por el bajo grado de ejecución presupuestaria que manda lo no consumido a enjugar deuda, Ribó no tenía necesidad de amortizar más, pero ha optado por ganar capacidad de endeudamiento para 2021 cuando la hemorragia está descontrolada ahora. Una alambicada explicación que ni siquiera ha dado él, que delegó en el vicealcalde de Compromís, Sergi Campillo, para que se tragara el sapo en público. Cañones o mantequilla, decía Samuelson. Pues eso.

Casado parece haber vuelto; pedrosa sigue allí


El «hasta aquí hemos llegado» de Pablo Casado a Vox a propósito de la moción de censura presentada por Santiago Abascal parece haber iniciado un nuevo tiempo de los populares con la formación ultraderechista, un retorno del PP a la búsqueda del centro después de mucho tiempo de pelear por el espacio de la intransigencia y la intolerancia. Las instituciones y la sociedad necesitan una formación conservadora capaz de alcanzar acuerdos en estos tiempos de emergencia y cambio. Habrá que ver si el «hasta aquí» es flor de un día o la vuelta a un camino que se torció en la plaza de Colón de Madrid. Relegada Cayetana Álvarez de Toledo a un canal de Youtube tras su defenestración como portavoz en el Congreso, Casado tendría que despejar el campo de otras adherencias indeseables. La senadora Adela Pedrosa, que fue alcaldesa de Elda y secretaria general del PP valenciano, no ha podido llevar más bajo a su propia persona y a la cámara a la que pertenece al preguntar a la ministra Irene Montero si se avergüenza de convivir con un machista, un «macho alfa», en referencia al vicepresidente Pablo Iglesias. Por mal que le caiga la pareja, la senadora debería sentirse avergonzada y pedir perdón por haber rebajado la noble actividad política a la de una simple «huelebraguetas». Si eso es todo lo que tiene para hacer oposición...

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