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Alfons Garcia

"Hay Botànic para años"

Fue en la última comida de la vicepresidenta con la patronal. Le preguntaron sobre las relaciones entre los socios del Gobierno valenciano y los últimos roces publicados. La líder de Compromís zanjó el asunto a los postres. «No se inquieten. Hay Botànic para años». Mónica Oltra tranquilizó así a la cúpula de los empresarios. Tranquilizar no es un verbo que sirva para todos los presentes en el acto.

La inquietud de los empresarios evidencia que al otro lado del Ejecutivo valenciano está calando una tensión que no se observó en la primera legislatura. Las discrepancias quizá son similares, pero son más evidentes. Casi cada semana aflora en las Corts o en el Consell un asunto con posiciones encontradas. Los metros de extensión de los recintos comerciales, si 50 metros arriba o abajo; el impuesto a los supermercados; el dinero de À Punt, sus toros y sus misas; la reforma fiscal, más o menos verde, más o menos progresiva; si convienen cambios (o no) de consellers; el teletrabajo (o no) de los funcionarios… La última es el clásico de los presupuestos, cómo de expansivos y ‘botánicos’ han de ser, si abrirse o no a acordarlos con Ciudadanos ante la situación excepcional de emergencia.

La respuesta de Oltra a los empresarios evidencia que existe un componente importante de estrategia. Que hay un desvelamiento consciente de las fricciones. Compromís ha hecho balance de la primera legislatura y parece obvio que ha decidido que en esta segunda se vean más sus posiciones, diferentes de las de los socialistas en muchos asuntos. En la primera casi nadie creía que el castillo de naipes del mestizaje ‘botánico’ se iba a sostener y había que ofrecer imagen de solidez. El propio Botànic tenía que convencerse de su estabilidad. En esta segunda legislatura, esos elementos se dan por superados y el socio fuerte que ha visto cómo la distancia electoral con el partido del ‘president’ crecía prefiere dejar a la luz sus posiciones y discrepancias. Es lo natural en un gobierno de coalición: discrepar porque son partidos diferentes y, al final, ceder (todos), acordar y abrazarse en público. Y cuando no, meter el proyecto en un cajón y que el tiempo haga su trabajo, como en la ley del Sector Público. Lo mismo, pero a la inversa, puede decirse del gobierno de la ciudad de València, donde las desavenencias incluso se gesticulan más. Lo mismo, pero a lo grande, puede decirse de la vida entre Pedro (Sánchez) y Pablo (Iglesias).

El riesgo es el vicio, cuando se discrepa fundamentalmente para tener presencia pública y cuando el 90 % de todo lo que viene del otro lado se convierte en sospechoso. Y el problema ahora es una crisis sin fecha de caducidad que convierte en incomprensibles y pornográficas muchas de las estrategias políticas habituales en un tiempo normal. Oltra sabe lo que dice cuando predice que hay Botànic para años. Pero en las alianzas no solo hay que resistir, es preferible ser feliz en la convivencia. Lealtad es un concepto con tantas acepciones como usuarios.

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