Debido a múltiples razones -hijos únicos, paro, crisis económica, tiempo, pandemias- así como a la necesidad de que no se repitan muchos acontecimientos que ocurrieron en la historia personal de muchos niños, hay cada vez más padres con la sana preocupación de solicitarnos consejos sobre la educación de sus hijos en una sociedad marcada por el odio, violencia, etcétera que parece haber perdido el sentido, con el fin de que lleguen a la edad adulta con sus recursos emocionales intactos y accesibles.

Debemos educar generaciones de niños y niñas con el suficiente grado de autoestima y con una inteligencia emocional lo suficientemente intacta y desarrollada para que hagan un buen uso de la misma. Si les educamos con un alto nivel de inteligencia emocional tendremos la oportunidad de corregir errores y convertirnos en los adultos equilibrados en los que queremos que se vean reflejados con una educación sólida que les permita madurar y convertirse en mujeres y hombres extraordinarios.

La misión de los padres es desarrollar esa inteligencia emocional que van a necesitar sus hijos para vivir una vida plena y satisfactoria por su forma de interactuar con el mundo, teniendo en cuenta sus sentimientos y las habilidades para manejarlos. Viví la experiencia enriquecedora, como padre, de participar en la educación emocional de mis hijas y sin ningún ánimo de buscar reconocimientos me reafirmo en que las personas auténticas saben ser padres. Tenemos que revisar y modificar los roles tradicionales, con una participación compartida del padre con la madre, sin desequilibrio parental, lo que lleva implícito el tiempo que le dediquemos, que desaparezcan las humillaciones, la política del doble rasero, los prejuicios sexistas y que se eviten las etiquetas entre los hermanos. Debéis hablar con claridad los temas delicados, fomentar la interdependencia y conseguir que los años de la adolescencia no sean un auténtico infierno.

Es necesario que desarrolléis nuevas actitudes y comportamientos como establecer límites adecuados, de acuerdo con ellos, que van variando a medida que van creciendo y que aprendan a tomar sus propias decisiones. Es importante también la empatía que debemos desarrollar en nuestros hijos, a la par que ponerla en práctica con ellos. Otras actividades para desarrollar su inteligencia emocional son: fortalecer la confianza con una actitud equilibrada, mantener la comunicación, decirles a menudo que los queréis y felicitarles por sus éxitos, teniendo cuidado con las críticas, comprenderles cuando necesiten la comprensión, practicar siempre la honestidad, dejarles que expresen sus sentimientos y compartir sus opiniones sobre cualquier suceso e incluso ser capaces de disculparos si os habéis equivocado.

Los padres deben ayudar a sus hijos a navegar por el mundo de las emociones respetando y respondiendo a sus sentimientos y enseñándoles a ser responsables de los mismos. Siempre dejando que se expresen a su manera, aunque pueden ayudarles, incluso, a que encuentren el lenguaje más adecuado, aunque es fundamental dejar espacio para sus sentimientos. Aconsejo que los deportes se utilicen para conectar con sus sentimientos, pero también es positivo ayudarles a expresar su dolor y enseñarles a controlar el estrés. ¡Qué difícil es ser padres!