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Alfons Garcia

A vuelapluma

Alfons Garcia

La venganza necesita dos tumbas

Una de las consecuencias de este mundo cada vez más polarizado es la visión sesgada de los acontecimientos, ajustada únicamente a nuestro patrón ideológico del mundo. Es tiempo de velocidad y extremos: en unas horas el temido presidente de la superpotencia mundial se transforma en villano al que las grandes televisiones cortan sin piedad por mentiroso. En este mundo de polos cada vez tenemos más dificultades para ponernos en el lugar de los otros, reafirmados por unas redes sociales que funcionan como amplificadoras de nuestra posición en la vida, esa maleta vieja cargada de ideología y prejuicios.

Un locutor de radio comentaba el otro día que realiza el ejercicio de imaginarse qué pensaría si la decisión que va a comentar la hubiera adoptado José María Aznar. ¿Qué hubieran dicho ustedes si Aznar hubiera decretado un estado de alarma de seis meses, aún siquiera en una situación de emergencia mundial? Yo presumo que me habría echado las manos a la cabeza. Y habría sospechado fines conspicuos para limitar derechos fundamentales durante un periodo tan largo. No pongo en duda que sea la medida necesaria ahora. Solo intento entender a los que la consideran un atropello.

¿Qué hubieran dicho ustedes si una vicepresidenta de un Gobierno de Aznar hubiera rechazado unos presupuestos ya aprobados al considerar que había sido engañada con las cifras presentadas en el último momento y que hubiera desconfiado de la alternativa que el ministro de Hacienda le ofrecía? ¿Qué hubieran pensado incluso en el caso de que este hubiera propuesto una solución y no la hubiera cumplido? Yo estaría pensando que ese Ejecutivo era un caos o un sainete y que estaba en las últimas. En este mundo cada vez más polarizado cuesta alejarse de criterios preconcebidos. Los márgenes son muros cada vez más altos. No se trata de no discrepar, que puede ser sano e incluso propiciar un debate fértil. De lo que hablamos es de exhibir desgobierno, improvisación y desconfianza en torno a una ley presuntamente tan buena y social como la de presupuestos, que ha quedado opacada por la bronca interna. Antes de embarcarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas. Si la frase no es de Confucio, ya no se libra de ella.

¿Y qué hubieran pensado ustedes de un sistema sanitario en manos de Aznar que cambiara varias veces el modo de computar víctimas y de un día para otro aflorara 1.623? No creo que sea necesario contestar.

Dice el historiador Timothy Snyder (‘El País’, 31-10-2020) que las redes sociales nos han hecho menos lógicos y más impulsivos, porque funcionan por el principio de la adicción, como las drogas o el alcohol. Añadiría que necesitan suministro constante, frenético en ocasiones, y el resultado en política es una aceleración en la toma de decisiones. Los actores políticos han de exhibir que actúan de manera casi febril en ocasiones. Lo contrario se interpreta como dejación de funciones. ¿Cuánta reflexión nos dejamos en el camino impulsados por un último tuit o ‘post’ al que reaccionar?

Y así estamos ahora, en esta carrera de la reescalada, más elocuente aún, ya que son 17 gobiernos tomando decisiones. Y ocasionando reacciones en cadena. Íñigo Urkullu decía el domingo que era alarmista pronunciarse sobre nuevas restricciones; pocos días después anunciaba el cierre total de la hostelería. Hemos visto a Ximo Puig resistirse al confinamiento perimetral del territorio valenciano y acabar decretándolo al final, después de que todas las comunidades vecinas lo hubieran hecho. Algunas autonomías ya han empezado a reclamar un nuevo confinamiento domiciliario, medida que se extiende por distintos puntos de Europa. ¿Y qué pensaríamos si un Gobierno no siguiera el camino que el resto marca? El coste de imagen y el esfuerzo por defender una posición diferente serían tan altos que inhabilitan cualquier alternativa. No dudo de que las medidas que se adoptan están fundamentadas en razones científicas y datos técnicos, pero opera también una lógica impulsiva que obliga a una constante búsqueda de decisiones para saciar a la bestia que es esta sociedad de las nuevas tecnologías.

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