Contar es una operación muy prosaica pero efectiva para dejar en evidencia el estado de la situación. En el caso de la representación de las mujeres artistas en los museos y en los centros de arte, nos muestra dónde estuvimos, dónde estamos y dónde queremos llegar. Y eso fue lo que hizo la Guerrilla Girls a mediados de los años ochenta del siglo pasado. Fue en 1985 cuando un grupo de mujeres ataviadas con máscaras de gorila, con las que escondían su identidad, comenzaron a denunciar la discriminación que las mujeres sufrían en los museos. Con sus acciones visibilizaron que, en las galerías comerciales más conocidas de Nueva York, menos del 10 % de las obras expuestas o absolutamente ninguna, eran de mujeres artistas. También destaparon que en aquella época ninguna mujer artista había realizado una exposición individual en el Guggenheim, en el Metropolitan o en el Whitney y que sólo una había expuesto en la Tate Modern. De este modo, fueron las primeras activistas en dejar al descubierto cómo durante siglos los museos estuvieron llenos de arte hecho por hombres como si no hubiera habido mujeres artistas que merecieran estarlo.

 En líneas generales, las cuestiones relativas a la visibilidad de las mujeres en la historia, en los espacios y en el mercado del arte no es algo que venga de nuevo. El predominio del canon androcéntrico que privilegia al varón y lo masculino en el campo de la cultura, hizo evidente que ser mujer y artista llevaba un plus añadido de dificultad. Aún hoy, la situación no ha mejorado mucho y hay que seguir insistiendo en esa línea. Por eso mismo, no me resultó extraño encontrarme con una retrospectiva de este colectivo feminista estadounidense en el año 2013, en Bilbao y en el espacio expositivo del centro cultural La Alhóndiga. Allí tuve ocasión de contemplar la casi totalidad de sus pósteres y proyectos artísticos, realizados entre 1985 y aquel mismo año. En aquel entonces pensé cuánto quedaba aún por hacer y hoy pienso lo mismo al comprobar que el 80 % del estudiantado de Bellas Artes son mujeres y sólo 20 % se ven representadas en los museos y en los centros de arte contemporáneo. Puede decirse que, a pesar de estar dándose algunos avances en el paradigma institucional del arte, la situación no ha cambiado en demasía y al panorama actual se le puede aplicar la misma ironía que utilizaron las Guerrilla Girls al presentar en 1988 el texto ‘Las ventajas de ser mujer artista’. De hecho, las mujeres artistas todavía siguen teniendo la ventaja de «trabajar sin la presión del éxito», de «saber que su carrera profesional puede repuntar cumplidos los ochenta años», de «tener la oportunidad de elegir entre una carrera profesional y la maternidad» o de «que les incluyan en versiones revisadas de la historia del arte». 

Partiendo de esta constatación y coincidiendo con el debate que ha provocado la exposición Invitadas, organizada por el Museo Nacional del Prado, se presentó a la opinión pública, el pasado 29 de octubre, el ‘Manifiesto en favor de la igualdad en museos y centros de arte’. El texto, vinculado a la campaña en redes #Portaldeigualdad que recientemente inició la artista y comisaria Mau Monleón-Pradas, aboga por el principio constitucional de igualdad y la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Como manifiesto reivindica un programa de acción para eliminar la brecha de género agravada por la covid-19 y dar visibilidad a las obras y aportaciones de las mujeres artistas en esos espacios, a fin de que la cultura sea más justa, completa y democrática. Al respecto, propone un total de cinco recomendaciones e insta a incorporar políticas de igualdad en los planes estratégicos de la gestión cultural de museos y centros de arte, contando siempre con la representación social y las buenas prácticas. Su redacción ha sido el resultado de un proceso colaborativo realizado por un grupo de mujeres relacionadas con el arte y la cultura visual que lo firman nominalmente, como la propia artista.

Hasta el momento han suscrito el manifiesto más de 600 personas y diversas asociaciones, museos y entidades entre las que se encuentran la Asociación Colectiva Observatorio Cultural Feminista; PMAC (Plataforma de Mujeres en el Arte Contemporáneo); AVCA - Asociación Valenciana de Críticos de Arte; Herstóricas. Historia, mujeres y género; Col·lectiu Art local Cocentaina; Laboratorio de Arte e Subjetividades (UFSM - Brasil); Alanna; ACVG Arte Contra Violencia de Género; Portal Cultura y Género; Los Ojos de Hipatia; Associació per la Coeducació; ANIAV-Asociación Nacional de investigadores en Artes Visuales; FEM TEK; Mujeres Creativas de Castellón; y el Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés Macvac. Con todo, es importante saber que la lectura del Manifiesto en las lenguas de la península tuvo el carácter simbólico de inicio de un recorrido que se retroalimentará el 29 de cada mes, a través de varias acciones acordadas a nivel nacional e internacional. Además, la prensa, con mayor o menor atención, se ha hecho eco de esta iniciativa y el Manifiesto, como acto lingüístico que es, va tomando el carácter performativo que puede hacer realidad lo que enuncia. En el ámbito artístico, como en otros, saber situarse es importante, como también lo es conocer la meta que se persigue. De ahí la relevancia del I Informe sobre la aplicación de la Ley de Igualdad en el ámbito de la cultura, realizado en el marco del plan de trabajo del Observatorio de Igualdad de Género y publicado en octubre de 2020. En suma, declararse en favor de la representación equitativa de las mujeres artistas en los museos y en los centros de arte contemporáneo, es algo urgente dentro de un contexto en el que las inercias sexistas del sistema cultural no son de clase, sino de género.