No puedo evitar la alusión a la forma en que los mandarines están entregando la realidad al lenguaje para que la torture hasta lograr la más cruel de sus desfiguraciones, hasta que sea borrado de nuestro decir y representación todo parecido con lo que vemos y vivimos. Lo cierto es que el silencio sobre algunos temas es tan profundo que ya ha pasado a ser ocultación. El modo en que se trasladan a los medios de comunicación los datos o los debates sobre la actividad legislativa solo parece servir para truncarlos. Buen ejemplo de ello lo está generando la ministra de Educación, Isabel Celaá. Una vida dedicada a la actividad docente me ha permitido conocer diferentes escenarios políticos en los que se ha modificado la Ley General de Educación y de todo ello han quedado los artículos que hoy puedo releer y, por cierto, añorar por cuanto el clima de implicación, debate y de participación de otros momentos eran envidiables; momentos generados por los mismos que hoy persiguen y ganan el silencio. ¿Lo recuerdas, Miguel Soler? Ojeando la carpeta en que han amarilleado esos artículos llego a la conclusión de que nunca se ha logrado reducir tanto el espacio de debate entre los verdaderos actores de la educación. Celaá es la campeona de la ocultación. Muy probablemente debiera haberse negado a elaborar una ley dentro del clima en el que estamos viviendo.

La Comisión de Educación del Congreso de los Diputados está poniendo mucho y buen cuidado en cerrar el día a día de sus debates educativos bajo el más viscoso y tupido silencio, está ahuyentando la información y siendo capaz de no ganar ni una columna informativa. Solo cuando el trueque alcanza la bancarrota, los medios de comunicación se hacen eco de esta comisión; en estos días lo estamos apreciando. La Red Española de Filosofía nos ha puesto en antecedentes de otro significativo hecho que deseo publicitar. Un acuerdo alcanzado previamente por unanimidad en la Comisión de Educación (recuperación de la filosofía en bachillerato y de la ética en 4º curso de ESO) ha pasado a ser sometido a votación el pasado 20 de octubre. ¿Cómo es esto posible? La ministra Celaá había decidido prescindir del acuerdo y no lo incluyó en el anteproyecto de ley. En esta situación, seguida desde la proximidad, media la Red Española de Filosofía, amparada por varios partidos, con el fin de hacer respetar el acuerdo tomado por unanimidad. La propuesta que había sido aceptada por unanimidad ha sido rechazada con los votos del PSOE y del PNV.

De este modo, se obtiene una conclusión: podía aportar nombres significados del PSOE que argumentaron para lograr la unanimidad que en su día se fraguó en torno a la presencia de la filosofía en el sistema educativo; podía recordar el tuit de Pedro Sánchez o bien el de Celaá (el 19 de octubre) en el que afirma que «vamos a incorporar la filosofía de nuevo como materia obligatoria en todo el bachillerato». El 20 de octubre votó en contra de lo dicho el 19. Estas formas de desdecirse plantean unas preguntas inevitables: ¿Qué autoridad moral tiene esta señora? ¿No se requiere autoridad moral para gobernar? Mi amigo J. Solaun siempre asentía cuando nos reiterábamos la pregunta.