Fue hace ahora un año cuando el informe PISA de evaluación académica nos dejaba hundidos en el ‘ranking’ que establece la OCDE, organización, por cierto, en la que su secretario general y cuatro adjuntos superan cada uno los 200.000 euros anuales de sueldo. Los resultados del análisis 2016-2019 indicaban que España había retrocedido. En Matemáticas estábamos a años luz de Japón o Corea, y por debajo de nuestros socios europeos. En Ciencias, las cosas no pintaban mejor: Finlandia o Estonia nos sacaban los colores y, de nuevo, la media europea nos dejaba en mal lugar.

Pero si parecía que ningún dato más podía empeorar la cosa, nos equivocábamos. Los alumnos valencianos arrojaban índices de abandono y repetición preocupantes. Un 32 % de nuestros jóvenes no superarían el curso, cuatro puntos por encima de la media nacional. La probabilidad de que un niño valenciano repita es veinte puntos mayor que en los países de la OCDE.

Pero aquel informe apuntaba un dato del que pocos quisieron hacerse eco: el referido a que los estudiantes españoles se declaran satisfechos con su vida, muy por encima de lo que lo están los del resto de países. Tres de cada cuatro jóvenes se sentían bien y eran felices. Además, ese sentimiento era extrapolable al profesorado. Pero hace un año, esos datos del informe PISA no parecían esenciales. Lo crucial, entonces, era el nivel de conocimientos en Matemáticas y Ciencias.

El president, Ximo Puig, y el conseller de Educación, Vicent Marzà, viajaron a Finlandia para conocer el modelo que mayor competencia ofrece en formación y que, según PISA, está años del nuestro. Ciertamente es un sistema educativo potente en materias determinantes, pero convendría saber, también, que las tasas de suicidio, depresión o alcoholismo son muy superiores en el país nórdico.

La crisis del coronavirus ha desempolvado aquel informe. Hoy vuelven a ser noticia nuestros estudiantes. Aunque no lleguen a la media de la OCDE en algunas asignaturas, son líderes en capacidad para desenvolverse por sí mismos, en aprender de otras culturas, en respetar al diferente, en empatizar…

Dentro de un tiempo, la pandemia que sufrimos sólo será un mal recuerdo. En lo sustancial, no modificará nuestro sistema de valores. Pero estoy seguro de que, al menos, sí nos hará volver la mirada a aquellos índices escolares que no han sido ponderados en su justa medida al quedar fuera de lo que se presumen valores seguros para lograr el triunfo. Aunque la OCDE no lo mida en sus baremos, nuestros jóvenes valen mucho más que algunas calificaciones.