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MARÍA JOSÉ IGLESIAS

Trump, Tocqueville y los ausentes buenos modos

   Una derrota siempre es un fastidio en cualquier circunstancia de la vida, a que negarlo, por mucho que nos empeñemos en revestirla de aforismos motivadores y frases inspiradoras, de esas que aparecen por docenas en cualquier buscador de internet. fiel a la rudeza que le gusta exhibir, no oculta lo contrariado que está con la suya y algo que sería su propio problema si se tratase de un asunto privado, se convierte en un auténtico drama cuando se convierte en una cuestión de Estado.

 Por primera vez en más de medio siglo, una administración saliente bloquea a una entrante en todos los niveles, sin intención de ceder. Donald Trump pronto acreedor del título de “former president”, que ya en si es un honor, aún no ha llamado al presidente electo Joe Biden. La Casa Blanca y las agencias federales no han informado al equipo de transición demócrata; la primera dama Melania Trump no ha invitado a Jill Biden a tomar el té en la Casa Blanca, como sí hizo Michelle Obama con ella en 2016. Desde hace días se dosifica la información sobre la evolución del coronavirus y cuestiones de política internacional la tensión entre China e Irán. También se ralentizan los trámites burocráticos para los solicitantes de empleo y en general, en Capitol Hill existe una sensación generalizada de parálisis administrativa controlada… y programada.

Sin obviar los excelentes resultados de los Republicanos, sería elegante y digno que el presidente saliente se batiese en retirada

Trump y su equipo continúan afirmando que las elecciones ha sido un fraude y se niegan reconocer explícitamente el triunfo del oponente. Los resultados de las urnas les contradicen y aunque sin obviar los excelentes resultados de los Republicanos, sería elegante y digno que el presidente saliente se batiese en retirada. Cuesta alejarse de los focos cuando vives pendiente de ello, pero si Trump hubiese leído con atención a Tocqueville, tal vez se habría sentido más arropado para iniciar esa travesía en el desierto que se resiste a aceptar.

“Creo que hay resistencias honestas y rebeliones legítimas. Así pues no digo de forma absoluta que los hombres de los tiempos democráticos no deban hacer jamás revoluciones; pero creo que tienen razón en dudar más que los demás antes de emprenderlas, y que les vale más sufrir muchas incomodidades del estado actual que recurrir a un remedio tan peligroso.“, escribía el pensador francés, autor de “La Democracia en América”

Trump plantea un escenario sin precedentes desde 1963, hace casi 60 años, cuando una ley federal implementó el moderno proceso de transición presidencial, ordenando compartir el espacio de oficinas y el gasto de dinero para el proceso. La postura amenaza con dejar al equipo de Biden desprevenido en enero cuando se haga cargo de una fuerza laboral federal de millones de personas y manda al mundo el mensaje de que los Estados Unidos son incapaces de llevar a cabo un traspaso de poderes ejemplar.

Tampoco está claro que Trump asista a la inauguración de Biden el próximo 20 de enero en Washington. Si no lo hace se convertiría en el cuarto presidente en rechazar a su sucesor al saltarse la ceremonia

Incluso en 2000, cuando el recuento en Florida mantuvo a la nación en suspenso durante semanas sobre quién se convertiría en presidente, el personal del presidente Clinton permitió que Bush tuviera reuniones informativas sobre seguridad nacional. El equipo de Biden ha tratado de superar el estancamiento, contratando personal, nombrando a los equipos de revisión de las agencias y contactando a ex empleados federales que trabajaron para el presidente Barack Obama. También se han comunicado con funcionarios estatales y locales. 

"¡Gané las elecciones!" tuiteó Trump el pasado lunes a sus casi 90 millones de seguidores, una proclamación que ha hecho regularmente. Tampoco está claro que Trump asista a la inauguración de Biden el próximo 20 de enero en Washington. Si no lo hace se convertiría en el cuarto presidente después de John Adams, John Quincy Adams y Andrew Johnson en rechazar a su sucesor al saltarse la ceremonia. En definitiva, Trump está perdiendo la oportunidad de quedar como un héroe ante los suyos y así preparar un posible escenario electoral futuro. La actitud del señor Trump pone una vez más de relieve que cosas tan simples como la educación y los buenos modales pueden hacer tambalearse a un imperio.  

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