Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Elizabeth López Caballero

Esos pequeños héroes

Poco se habla de los niños y de cómo están viviendo esta situación de “nueva normalidad” y, sin embargo, considero que son los verdaderos héroes de esta historia. Solo tienes que observarlos cuando llegan al cole, con esos ojitos que han aprendido a expresar las sonrisas o la tristeza que las mascarillas esconden. Los ves jugar antes de que suene el timbre pero ya no se tocan entre sí. No juegan al pilla-pilla ni a las peleas. A las peleas de mentira, como me dicen cuando les increpo: “Juego de manos, juego de villanos”. Entonces la sirena inunda la calle y corren a ponerse en fila. Estiran su bracito de medio metro para asegurarse de que están separados de su compañero. Entran con esos andares bailarines y se paran con las manos preparadas para el gel y con la frente despejada para medirles la fiebre. “¿Tengo fiebre? ¿Tengo fiebre?”, preguntan, curiosos. Una vez en clase, cada uno a su pupitre, con una mesa en medio de la de su compañero. Ya no pueden cuchichear por la distancia, pero no se quejan. No pueden jugar con su compañero mientras explico la lección, pero no se quejan. No pueden compartir el material, pero no se quejan. Solo se quejan de una cosa: de no poder abrazarse como antes. De verse frenados cada vez que, eufóricos, quieren enganchársete a la cintura. ¿Nos hemos preguntado sobre el impacto emocional que ese rechazo dejará en ellos? Aun así, no se quejan.

Te miran, se encogen de hombros y se dan la vuelta. Permanecen pensativos un rato, hasta que alguno rompe el silencio y dice a voz en grito: “Seño, cuando parpadee tres veces significa que te estoy abrazando”. Y se propaga la creatividad por el aula: “Pues cuando yo te haga el baile del Fornite, te estoy abrazando”. “Pues, pues, pues yo te abrazo cuando dé palmadas” y así un sinfín de nuevas formas de demostrarnos lo importantes que somos los unos para los otros, porque sin emociones, sin afecto, sin refuerzo positivo no hay educación, o al menos yo no la entiendo. A todo esto se le suma el recreo. El “bendito” recreo burbuja. Sin material deportivo que puedan compartir. Donde solo se relacionan con los compañeros de su aula. ¡Adiós a la socialización! Pero tampoco se quejan. Corren, saltan, gritan, riñen, lo solucionan, odian las mascarillas, pero siguen como si nada “anormal” estuviese ocurriendo en sus vidas. Como si un virus no les estuviera robando parte de su infancia o, al menos, de una forma de infancia de la que habían disfrutado hasta ahora. Termina el descanso y toca cambio de “bozal”, con la boca y la nariz bien tapadas, porque si no, te llaman la atención. Y de nuevo el gel y la distancia y el “egoísmo impuesto” pero, aun así: ¡no se quejan! Vaya este artículo dedicado a esos pequeños héroes de los que poco se habla pero de los que tanto tenemos que aprender.

Compartir el artículo

stats