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Juan Tapia

Sánchez gana (2-1), pero queda niebla

Pere Aragonés muestra madurez y ERC apuesta por ser un partido de gobierno

Curioso, la casi segura aprobación de los presupuestos con apoyo de Bildu y ERC, que tanto escandaliza a la derecha, ha coexistido con un alza del Ibex que ha vuelto a los 8.000 puntos y el viernes cerró en 8.190. Para los mercados, Bildu no existe.

Si las cosas no se tuercen, la aprobación de los presupuestos será un dos a uno a favor de Pedro Sánchez. Un gran resultado para un Gobierno que solo tiene 155 escaños. Con un reparo: contra lo esperado, la bruma que rodea la carretera no se ha acabado de disipar.

El primer gol de Sánchez es que, contra lo de 2019, cuando la coincidencia de la derecha y del independentismo tumbó su proyecto presupuestario y forzó la disolución de las Cortes, ahora los presupuestos van a ser aprobados por una amplia y heterogénea mayoría de más de 180 escaños. El Gobierno logra así estabilidad política a medio plazo y medios para afrontar la crisis.

Los presupuestos son atacados por la derecha. Y discutidos por solventes economistas. Pero su primer mérito es que existirán –vivimos todavía con los del PP de 2018– y al ser expansivos, como los de los países europeos, permitirán animar la recuperación. La gran crítica es el optimismo respecto a los ingresos. Si el PIB crece menos, el déficit será todavía mayor al previsto. Puede ser porque nadie puede adivinar el 2021 que dependerá del dúo pandemia-vacuna en el que hay grandes incógnitas. Pero lo sustancial es que a corto plazo –a largo todos muertos– no tendremos problemas de financiación (gracias al BCE pagamos un mísero 0,06% por emitir deuda a diez años) y que nuestro endeudamiento tendrá parámetros similares a los de Francia e Italia. No seremos la manzana podrida.

Y matemáticamente el Gobierno tiene razón en el pacto con los nacionalistas que le asegura más de 180 escaños. ERC y Bildu suman 18 diputados y Cs solo 10. Y arrastrar a Mas País y Compromis es más fácil desde la izquierda. Las matemáticas no son todo, pero si fallan…

El segundo gol de Sánchez –que la derecha critica– es el voto de ERC. ERC, con 13 escaños, es el primer grupo catalán en el Congreso y su voto puede abrir una difícil vía de arreglo al conflicto catalán que castiga a España desde hace demasiado. Era difícil que ERC se implicara porque hay elecciones catalanas en febrero y su objetivo prioritario es no perder (como le pasó en 2017) frente a Puigdemont, que les acusa de tibios. El expresident Torra se ha apresurado a proclamar que su mayor honor ha sido que mientras fue presidente no se aprobaron nunca unos presupuestos españoles.

Pero Gabriel Rufián, su desconcertante portavoz, y Pere Aragonés, el vicepresidente y candidato a la Generalitat, no se han amilanado. Saben que el independentismo sueña con el Estado propio, pero que como ya escribí el pasado domingo, la mayoría (el 48% de los electores de ERC y el 36% de los de JpC) creen que el procés acabará en un pacto de mayor autogobierno. Pere Aragonés muestra madurez (aunque si pierde le cortarán la cabeza) y la dirección de ERC apuesta por superar la etapa de protesta. La independencia es el irrenunciable programa máximo, pero en “el mientras tanto”, que será largo, hay que gobernar. Y eso exige dejar solo para momentos de irritación la frase de la diputada Montse Bassa, hermana de una política presa, en el debate de investidura: “A mí la gobernabilidad de España me importa un comino”. Y que Bildu vote con ellos les va muy bien. Cuando Puigdemont les acuse de traición contestarán que ERC y Bildu votan a favor y JpC, junto a Cs, en contra.

Pero a Sánchez le han marcado un gol. El no de Cs indica que la bipolarización seguirá. Tras la ley de educación, los presupuestos. Y mientras España esté partida en dos mitades es casi imposible que la vida política se normalice. Y a un presidente socialdemócrata le conviene que existan puentes con el electorado conservador. Arrimadas ha perdido porque con 10 escaños no podía vetar a nadie por causas extrapresupuestarias. Pero lo peligroso para Sánchez es que Iglesias ha maniobrado con descaro para excluir a Cs y abortar cualquier apertura al centro. Cree que la bipolarización le beneficia.

¿Es Sánchez demasiado prisionero de Iglesias? Es la niebla que acompaña a la coalición desde el primer día y que preocupa a muchos. Incluido Felipe González.

La niebla molesta, a veces mucho, pero no ciega. No solo por Nadia Calviño, sino porque España está en Europa y en el poderoso BCE no hay ni rastro de bolivarianos. Pero Pedro Sánchez está condenado a conducir con algo de niebla: 120 diputados sobre 350.

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