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Jorge Dezcallar

Zapatero a tus zapatos

Eso es lo que Pedro Sánchez debería decirle a Pablo Iglesias y no le dice

Este gobierno está bastante menos coordinado internamente que los que dirigió el señor Rodríguez Zapatero entre 2004 y 2012, que batieron récords porque cada ministro iba por libre y no ganábamos para emociones: Defensa (Bono) vendía aviones a Venezuela a espaldas de Exteriores (Moratinos) que le hubiera advertido que la operación era imposible porque los aviones tenían componentes americanos y Washington la vetaba. O las Cortes aprobaban una Ley de Educación mientras Justicia (López Aguilar) hacía el paripé de discutirla con la Conferencia Episcopal, y luego pedía al Congreso la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo el día antes de una visita de los Reyes al Vaticano. Y Defensa (esta vez Chacón) retiraba a nuestros soldados de Kosovo sin informar a Exteriores, provocando un enfado de los EE UU similar al que motivó la retirada de nuestras tropas de Irak, también orquestada por Defensa a espaldas de Exteriores. Los ministros iban por libre y faltaba un director de orquesta.

Ahora es peor porque el director no manda y además aparece un subdirector que le quita la batuta con el consiguiente desconcierto general. Lo que en tiempo de ZP era simple desorden ahora es algo querido porque Pablo Iglesias, flamante vicepresidente Segundo, se ha dado cuenta de que no le es rentable estar callado en un gobierno que gestiona mal la pandemia y que encima tiene que dar la cara por la crisis económica, y por eso busca protagonismo en cuestiones simbólicas que salen gratis y además le dan titulares como meterse con la monarquía y hablar de la república buscando pasar a Pedro Sánchez por la izquierda, que algún día se dará éste cuenta de que su enemigo más peligroso no es el PP sino Unidas Podemos.

Al margen de hacer con Bildu y Esquerra una enmienda para evitar desahucios al presupuesto que él mismo había negociado con Pedro Sánchez y que ha levantado ampollas en el PSOE, estos días ha hecho otras incursiones en el ámbito de la política exterior tan malas para el país como seguramente buenas para él.

Así ha ocurrido cuando ha acompañado al Rey a la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce, lo que constituye un honor cuando la costumbre es que al Rey le acompañe un ministro y no todo un vicepresidente y además en este caso ya le acompañaba la ministra de Asuntos Exteriores, como parece normal. Se puede pensar que se ha hecho porque Bolivia es un país muy querido y era conveniente dar más realce a nuestra delegación. Pero resulta que cuando el señor Iglesias llegó a Bolivia se dedicó a quitarle protagonismo a Su Majestad al firmar con otros líderes americanos de izquierdas el llamado «Manifiesto de Bolivia» dirigido «contra el golpismo de ultraderecha», algo que además está completamente fuera de lugar en el contexto de una visita regia. A mí no me gusta nada el golpismo ni de ultraderecha ni de ultraizquierda ni medio pensionista. Ni creo que le guste a nadie. Pero al firmarlo, el señor Iglesias confundió voluntariamente ante el mundo sus opiniones personales (o de su partido) con la posición del Reino de España. ¿Cómo explicar ahora en Bruselas o en Washington que lo que ha firmado con solemnidad el vicepresidente Segundo del gobierno en La Paz no es la política de España?

Y no contento con eso, también ha hecho una declaración en favor del Frente Polisario y de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental que es algo que pide la ONU desde hace años pero que la diplomacia española maneja con guantes de seda, consciente de que se trata de un asunto muy delicado porque afecta muy directamente a nuestras relaciones con Marruecos y con Argelia. Si en este momento están llegando pateras a Canarias con inmigrantes en números no vistos antes, casi todos marroquíes que salen de playas del Sáhara que crean un gravísimo problema en unas islas desbordadas en su capacidad de acogida y con poca ayuda del gobierno de Madrid, habrá que preguntar a Rabat por qué no colabora más en su control, y a eso seguramente ha ido a Marruecos el ministro Grande Marlaska, mientras los líderes canarios de Unidas Podemos pedían su dimisión. ¿UP pide la dimisión de un ministro del gobierno del que forma parte? No es difícil concluir que Marruecos está muy molesto con el señor vicepresidente Segundo, que ha vuelto a hacer declaraciones buenas para él pero malas en estos momentos para Canarias, para España y para su gobierno, hasta el punto de que algunos ministros se han sentido obligados a recordarle que el presidente se llama Pedro Sánchez. Como si Iglesias año lo supiera. Lo que pasa es que no le importa.

Sé que nos falta costumbre y que hay que aprender que un gobierno de coalición no son dos gobiernos en uno, sino dos partidos (o más) que pactan un gobierno con un programa común que luego les compromete y que tienen que cumplir. El señor Iglesias lo sabe muy bien pero no hace caso porque cree tener cogido al señor Sánchez por donde usted imagina y por eso le impone amistades tan peligrosas como la de Bildu o la de la misma Esquerra que son dos partidos que abiertamente reconocen que su objetivo es «debilitar» o «tumbar» al Estado, dinamitarlo desde dentro y acabar así con la Constitución de 1978. Hace falta un puñetazo en la mesa. Pero Sánchez es débil y no se atreve.

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