En psiquiatría el fenómeno de la escucha de voces interiores, una expresión de reminiscencias poéticas, está registrado y catalogado desde hace mucho tiempo. También es conocido con el más prosaico título de alucinaciones auditivas y se distinguen en su desarrollo una variada tipología en función de la intensidad o la claridad con las que se manifiestan en el paciente. Pero hay personas que, sin tener ningún problema de salud mental, declaran que oyen voces en las miradas de los otros y de quienes más les necesitan. Se les conoce con el apelativo de voluntariado y hoy celebran su día internacional, instituido por Naciones Unidas en 1985. Se trata de personas que ofrecen sus capacidades para ayudar y colaborar para cumplir diversos objetivos sociales, económicos o culturales.

Como, por ejemplo, Vicenta, quien dio clases durante 45 cursos en los que vio pasar y crecer a su alumnado. El balance, en su opinión, ha sido muy provechoso. La jubilación le dejó sin su principal actividad y es, entonces, cuando empieza a escuchar voces y miradas que la interpelan. Conflictos sociales a los que no puede ser ajena en esta nueva travesía vital a la que se enfrenta. Y decide responder a esas voces, de quienes parecen no hablar, con su trabajo social en la Fundación Novaterra. Vicenta no sabe muy bien cómo expresarlo por escrito, pero sí sabe qué bien se siente cuando afirma, con rotundidad y con una frase evangélica, “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.” Ese es su lema.

Para Andrea, que es psicóloga de formación, en las voces de su mente se escuchan también testimonios de personas que le hablan desde el corazón con el ímpetu y espíritu de superación ante las adversidades. Está convencida que formar parte del equipo que trabaja cada día, para darles esperanza y oportunidades, es para ella “un privilegio y un aprendizaje muy bonito, tanto personal como profesional, lo que me llena de gratitud.” Sabe que el granito de arena que aporta será bien recibido y podrá hacer crecer aún más proyectos, tan necesarios para la sociedad en la que vivimos. En este lugar, y desde la experiencia que le dan sus ocho años como voluntaria en apoyo psicosocial en la Fundación Novaterra, vive y comparte un periplo esperanzador.

Jaime es otra de tantas personas a quienes un retiro forzoso de su trabajo, le empañó una brillante vida laboral. Vio en el trabajo digno una de las formas por las que las personas pueden conseguir su realización personal, mejorar su autoestima y, a la vez, caminar hacia su inclusión social. Le llamó especialmente la atención que éste sea uno de los principios que inspiran la acción de Novaterra. Y, por ello, y por las voces que escuchaba en su interior, quiso llevar a cabo su misión mediante programas de formación específicos y adaptados mientras que simultáneamente propaga la idea de la necesidad de la responsabilidad social de las empresas.

Lola siempre ha procurado escuchar las necesidades y demandas de las personas con las que se encontraba y que precisaban apoyo. De ahí nace su compromiso con el voluntariado activo del que forma parte en el equipo de seguimiento a los participantes en el itinerario de inserción de Novaterra. Se trata de programas que favorecen la empleabilidad y la inserción socio-laboral de sus participantes. Lola ha conversado con centenares de personas, que han pasado por estos itinerarios de formación, y no duda al destacar “lo fácil que ha sido establecer esta comunicación cuando me presento en nombre de Novaterra.”

Hay muchos más testimonios que, por razón de espacio, no caben en este artículo. Y la nómina sería demasiado prolija. En España, y según datos de 2018, la cifra de voluntariado alcanzó los 2,5 millones de personas. Y, gracias a su trabajo, poco o mucho en cantidad de horas, pero siempre de una gran calidad humana, cubren innumerables lagunas a las que no llegan los servicios públicos. Lo importante de esa cifra no es solo la cantidad sino la fidelidad a la causa. La mitad de quienes se dedican al voluntariado llevan más de cinco años en ello y un tercio de ese número mantiene el compromiso activo durante más de una década. Mucho tiempo escuchando voces y ofreciendo respuestas.