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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

El AVE cumple diez años

El AVE cumple diez años

El AVE cumple diez años

Casi 25 millones de viajeros han utilizado la línea de alta velocidad ferroviaria entre València y Madrid en los diez años que se cumplen ahora desde que entró en servicio. ¿Son pocos o muchos, los 2,6 millones de usuarios que tuvo el AVE entre las estaciones de Atocha y Joaquín Sorolla el año pasado? El décimo aniversario de esta efeméride se cumplirá este viernes, día 18 de diciembre, y el debate sobre el modelo ferroviario de la alta velocidad, su rentabilidad, su impacto ambiental, el precio de sus billetes y todo lo que rodea a este párajo blanco y morado volverá a llenar páginas y tertulias en una tierra en la que todo se cuestiona. Como debe ser.

La llegada del AVE se vivió como la culminación de una reivindicación mantenida dos décadas, desde el estreno de la línea entre la capital de España y Sevilla. Fue durante 20 años la ambición de una parte importante de la sociedad, liderada por integrantes de la cúpula política del PP y el PSOE y de la cúpula empresarial, con Federico Félix a la cabeza. València no quería quedarse fuera del mapa de la alta velocidad al ofrecer lo que los especialistas apuntaban como la distancia idónea para este tipo de trenes, 350 kilómetros, una dura competencia con el avión al ofrecer destinos en el centro de las dos ciudades, sin las largas esperas y distancias de los aeropuertos.

Unos 11.000 millones de euros fueron invertidos para hacerse, al cabo de 10 años, con más del 80 por ciento del transporte público de viajeros entre las dos capitales, comiéndole todo el terreno al avión y al autobús y ganando cuota cada año. Son estadísticas que permiten cualquier análisis. En enero de 2019, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia elaboraba un informe netamente favorable sobre el despliegue y el resultado de la red, destacando que «España es el país de Europa que disfruta de la más extensa red ferroviaria de alta velocidad». En compensación a esa interpretación «disfrutona» del servicio, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) arremetía este verano contra la línea Valencia-Madrid y en general contra toda la red al calificarla de ejemplo de ineficiencia en la inversión pública por los sobrecostes de su construcción, la baja ocupación, el déficit de explotación y la falta de planificación estratégica.

Sinceramente, uno cree que para hacer una valoración desapasionada de una inversión que ha consumido 55.800 millones de euros en España en los últimos 35 años falta perspectiva. Las catedrales medievales fueron desproporcionadas en todo en su tiempo, y hoy son las joyas de las ciudades. Es posible que el país haya gastado por encima de sus posibilidades para hacerse con la segunda red mundial de alta velocidad ferroviaria después de la de China. Pero también es cierto que el ancho ibérico de la vía limitaba (y aún lo hace) la movilidad de viajeros y mercancías con Europa. La creación de la red de AVE ha puesto al país en la vanguardia de un transporte rápido, seguro, con ancho internacional, eléctrico y no contaminante, cuya tecnología se exporta a países como Arabia Saudí (¡glups!), EEUU y otros interesados en explorar el mismo camino.

Construida la infraestructura, que ha crecido de forma imparable hacia Castelló y Alicante y avanza con paso firme hacia Elx, Murcia y Almería en lo que respecta al corredor propio, el reto está en la gestión. El perfil del viajero es el ejecutivo de empresa que viaja por trabajo o el de pareja turista de alto poder adquisitivo. Sus trenes son los que van ocupados, los de primera hora de la mañana y última de la tarde. El resto es hora valle. Con el billete más barato a 60 euros los jóvenes pasan del AVE y llenan los servicios de Bla Bla Car a 20 euros o menos por trayecto. No hay servicios de itinerarios intermedios (aquellas lanzaderas de Requena a Valencia que se anunciaron), ni el AVE regional prometido, ni tampoco se usa la línea para otros cometidos, como el de transporte nocturno de mercancías. El Gobierno ha anunciado muchas veces la liberalización del servicio, la entrada del sector privado en la explotación, pero la llegada de la competencia se retrasa una y otra vez. Eso es lo que le falta al AVE, competencia para mejorar, bajar precios, incrementar servicios y seguir creciendo. Y también falta red. Unas líneas radiales, como las que parten de la Puerta del Sol, no conforman por sí solas una red eficaz. La alta velocidad ferroviaria debe crecer en forma de malla, y ésta debe abundar en la intermodalidad. La fusión de avión y el metro en Manises es la viva imagen del éxito. El corredor mediterráneo debe completar cuanto antes la actual red de AVE, y también una notable mejora en las Cercanías, eternas olvidadas, así como buscar la conexión con puertos y aeropuertos. La movilidad eficiente y verde es la que exigen los nuevos tiempos, y el AVE es una buena herramienta tractora. Feliz cumpleaños al párajo blanco y morado.

San Miguel de los reyes merece más

Ha tenido que ser un incendio el detonante de una tímida operación de limpieza del entorno del monasterio de San Miguel de los Reyes, en València, una joya arquitectónica y cultural maravillosamente restaurada y aún hoy rodeada de naves abandonadas y viviendas deterioradas. Pasa siempre lo mismo. Se mima lo grande y se descuida lo pequeño. Como en La Fe, el hospital más grande de Europa, orgullo de la sanidad pública valenciana, construido por la Generalitat en medio de la nada, sin accesos en condiciones, ni urbanización ni aparcamientos. El monasterio jerónimo erigido en medio de la huertapor el Duque de Calabria en el siglo XVI sobre un antiguo cenobio cisterciense tiene justo enfrente, al otro lado de la acera, un edificio de viviendas de los años 60 que el plan general urbanístico dejó fuera de ordenación en 1988 para hacer posible su desaparición cuando se acabara su vida útil. No sería difícil para el ayuntamiento conseguir suelo e inmueble para reubicar a sus residentes en el vecino barrio de Orriols, y limpiar de construcciones impropias un radio de 300 metros en torno al monasterio, dando a éste el trato que merece. Si un incendio sirve de mecha, bien está lo que bien acaba. Ahora hay que apagar las llamas y construir sobre las cenizas.

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