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anton costas

Recuperación desde lo pequeño

Los planes acostumbran a fallar, pero la planificación lo es todo. Aprendí esta máxima cuando, allá por los años 90, me incorporé al consejo de administración de una institución financiera. Una de las funciones de los consejeros es controlar la gestión de la alta dirección para dirigirla a los objetivos aprobados por el consejo. En mis primeras reuniones era muy quisquilloso advirtiendo de que no se cumplían los objetivos. Incómodo, el director general pidió verme. “Antón –me dijo–, los planes no están para ser cumplidos”. Sorprendido, le pregunté: “Y, entonces, ¿para qué están?” “Para saber por qué nos equivocamos”, me respondió. No debemos confundir los fallos de los planes con la necesidad de la planificación.

Se estarán preguntando por qué les explico esto. Viene a cuento de los fondos europeos de recuperación y de cómo y en qué los vamos a invertir. Como las capacidades de planificación de nuestros gobiernos y las de ejecución de las administraciones públicas son las que son, mermadas por años de penurias y jibarización, mi temor es que los fondos acaben siendo asignados atendiendo más a presiones, intereses e influencias particulares que a una planificación basada en las necesidades y preferencias del conjunto de la sociedad.

Las necesidades inaplazables

A mi juicio, debemos planificar la recuperación desde dos coordenadas. La primera es desde lo local. Desde las necesidades que se expresan en las comunidades locales, las pequeñas y medianas ciudades y los barrios de las grandes ciudades: vivienda asequible, transporte, escolaridad, salud, evitar la pobreza, y empleo. La pandemia ha exacerbado estas necesidades a límites insoportables para muchas personas. Las autoridades locales son la primera trinchera para hacerles frente. Han de tener capacidades y medios para llevarlo a cabo. Los fondos europeos lo contemplan. A esta cuestión dediqué la columna de la semana pasada.

Tenemos también que pensar la recuperación desde lo pequeño, desde las necesidades de nuestras pequeñas y medianas empresas. Las pymes representan el 99,8% de todas las empresas; el 69% de todo el empleo; el 62,3% de todo el valor añadido y buena parte de las exportaciones. Con esta realidad, sería suicida planificar la recuperación dejando de lado las pequeñas y medianas empresas.

Hay que lograr que las pymes tengan un acceso simétrico al de las grandes empresas a los fondos europeos para que puedan desplegar su estrategia de las tres R: Resistir, Recuperarse y Reinventarse. Sin embargo, su escasa capacidad de influencia política puede llevar a las administraciones y organismos que han de ejecutar los fondos europeos a apoyarse en exceso en los proyectos que presenten las grandes empresas. El riesgo es, entonces, utilizar los fondos para construir grandes infraestructuras de movilidad, comunicación o energéticas, en vez de ponerlos al servicio de las pymes y de su capacidad de creación de empleo y valor para la sociedad.

Necesitamos una planificación que abarque a todos los actores que integran ecosistemas estratégicos para nosotros. Uno de ellos es el de la salud. Su relevancia es ahora innegable. Su capacidad de creación de buenos empleos es extraordinaria. Pero también lo son los ecosistemas del turismo, la construcción de vivienda asequible y la gran distribución retail. Hemos de industrializar estas actividades. Las grandes empresas de servicios son en este siglo el equivalente a las industrias manufactureras del siglo pasado.

Los principales objetivos de los fondos europeos son la transformación sostenible y digital de nuestras empresas y la creación de buenos empleos. Si no pensamos estos objetivos desde las pymes, el riesgo es que el empleo pierda relevancia y que lo sostenible y lo digital se conviertan en las sub-prime de la próxima crisis financiera.

No entiendan esta reflexión como una crítica al Gobierno de Pedro Sánchez. Honestamente, creo que lo está haciendo razonablemente bien. Es una llamada a pensar y planificar la recuperación desde lo local y desde lo pequeño. Los fondos europeos son como bote de miel abierto: atraen a multitud de moscardones. Una recuperación pensada desde las pymes es la mejor forma de espantarlos.

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