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Matías Vallés

No estamos para películas

   La autoridad sanitaria ha decretado que no estamos para películas, olvidando las enseñanzas de Sapiens, el libro que todo el mundo ha leído porque demuestra que el ser humano se nutre de historias. La ausencia de ambición y los presupuestos moderados definen al cine español de 2020, vean My Mexican bretzel porque es un soplo de esperanza erróneamente incluido en el género documental y que renueva los códigos de la ficción. Una gran historia, con toda la melancolía colgante de la Europa arruinada por el coronavirus.

El único Goya posible este año debería galardonar a los exhibidores que han abierto sus cines para perder dinero a espuertas. La estatuilla debería ser recogida por los empleados de las salas, que han derramado un énfasis en su actuación para salvar la experiencia de los supervivientes. Y el premio de honor debería destinarse al público en su conjunto, que ha ampliado los límites del toque de queda para saciar su adicción amenazada.

Para el cine mundial, 2020 es el año que nunca existió. La atonía se multiplica en España, y castiga cualquier pretensión de premiar en un desierto. La lista de nominados parece predestinada a recompensar a Las niñas o La boda de Rosa, dos versiones en diversa clave de la idiosincrasia nacional, donde ves lo que quieres ver. Es curioso que coincidan con la aparición de algunas fibras de Los europeos, la película que sirve para recordar que Rafael Azcona no es solo el guionista más importante de la historia patria, sino también un novelista a ponderar. El neorrealismo sarcástico de Azcona, corregido en comedia de situación, se apropia de la producción reciente. Tal vez mereció más menciones Sentimental, teatro puro inspirado por Yasmina Reza y que se sobrepone al casting inverosímil de Javier Cámara. Viene compensado por un Alberto San Juan también reconocido y que todavía exige su gran papel, ojalá no tenga que esperar al Rey Lear.

Mal andan las cosas cuando se acata el premio a Mario Casas, tal vez acertado porque en No matarás interpreta a un personaje que no se entera de nada durante una noche infernal. Esta cinta poco convencional se ve aplastada por la tradicional oferta de cine solidario aburridísimo, y de no menos tediosos aspirantes a Almodóvar sin que se note.

Cumpliendo con No matarás, la anfetamínica Milena Smith recibe la nominación desde el mismo momento en que aparece en pantalla. Pero no olviden My Mexican bretzel, porque es diferente a todo lo demás, la mejor noticia que da la pantalla en su género desde Searching for Sugar Man. 

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