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María Oruña

Buscando a Nellie

Nellie Bly

Ahora que vivimos tiempos de incertidumbre, permítanme que les hable de una persona improbable. Una mujer de esas que, sin pretenderlo, logran que las sigas con mirada y pensamiento allá a donde vayan. Se llamaba Elizabeth, y nació en Pensilvania en 1864. Un día, leyó un artículo bastante sexista en un periódico, y envió una carta contundente para contrargumentarlo. La misiva fue tan contumaz e ingeniosa que decidieron contratar a la joven, a la que el editor bautizó como Nellie Bly de forma irónica, recordando una canción infantil.

Le solicitaron a Nellie Bly determinados artículos, casi todos de corte femenino, hasta que ella decidió hacer algo diferente y se marchó a New York, donde comenzó a trabajar bajo las órdenes de Joseph Pulizter —sí, ese editor que da nombre al premio periodístico que están ustedes pensando— y, con su inofensivo aspecto femenino, decidió viajar a México para documentar la verdadera forma de vida política y social del momento. Antes de seis meses ya había denunciado en su periódico la inexistencia de libertad de prensa y la tiranía del Gobierno, por lo que el enfado de los dirigentes mexicanos fue considerable, y tuvo que huir de forma precipitada.

Tras aquella primera aventura, a petición propia le confiaron otra proeza: infiltrarse en un manicomio femenino durante diez días. Era una idea intrépida, pero la experiencia le valió para constatar las terribles condiciones de vida de las “pacientes” y la imposibilidad material de reinserción social. Gracias a aquello, y al escándalo que provocó su reportaje, se dedicó un millón de dólares a mejorar las condiciones sanitarias de estos centros y se creó un protocolo de dignidad.

Después, Nellie se coló en una fábrica de Lower East Side en New York, para verificar las condiciones laborales reales de las trabajadoras, que como era de esperar resultaron ser deplorables. Nellie denunció estas circunstancias, en las que equiparó a las empleadas a “esclavas blancas”.

¿Se imaginan que tuviésemos una Nellie Bly con nosotros? Sería sensacional. Se colaría en las reuniones de las comisiones de expertos gubernamentales para el covid, en las cumbres de las farmacéuticas y en las de las compañías energéticas. Se infiltraría en los despachos privados del Congreso, en la Moncloa, y por supuesto en la sede de la Comisión Europea en Bruselas. No digo yo que nos llevásemos muchas sorpresas, pero una gran base del poder radica en el conocimiento.

Nellie se adentró también en estos lodos; se infiltró en un albergue de mujeres indigentes, se hizo pasar por otra persona y averiguó qué diputados de New York aceptaban sobornos de un empresario farmacéutico… Pero a ella, que estos jardines le debieron de parecer de lo más sórdido y previsible, le llamó otro tipo de aventura y con 25 años decidió dar la vuelta al mundo en 80 días para su periódico. Ella sola y con 200 libras esterlinas. No solo se enteró Julio Verne de la potencial hazaña, de la que desconfiaba, sino también Cosmopolitan —un periódico de la competencia— que envió a otra reportera al mismo tiempo a hacer el viaje. Increíble, ¿no les parece? Al final, Nelli volvió a New York en solo 72 días, y la otra periodista lo logró solo cuatro jornadas más tarde. Dicen que hasta Julio Verne aplaudió y reconoció la hazaña. No me digan que no dan ganas de volar alto y lejos, y de soñar los pasos de Nellie Bly.

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