A lo largo de la historia, lo de meterse con el más débil siempre ha sido algo habitual. Lo que nadie esperábamos es que aquellos que llegaron al poder con la bandera de la igualdad y la lucha contra los poderosos al final de la historia y a la hora de la verdad han continuado con la misma tónica. Todos nos preguntamos que si ya está demostrado que en la restauración y el ocio los contagios han sido durante esta pandemia mínimos, por qué son siempre los primeros en cerrar.

Para poder entenderlo, lo primero que tenemos que hacer es pensar como un político y barajar cuál será, no la mejor solución para la pandemia, sino la mejor solución para él y para el partido al que representa. Elegirán la que menos repercusiones tiene para sus intereses políticos, aquella que no enfade a los que pagan las campañas electorales, a los que compran deuda en forma de bonos de la Comunitat Valenciana o a los que se gastan millones en publicidad en la televisión y, por tanto, mantienen con sus anuncios a las grandes cadenas.

Es incomprensible ver cómo piden que se adelante el toque de queda de las 22 a las 20 cuando tienen el poder de cerrar centros comerciales, grandes superficies y la parte no esencial de los supermercados. Y si vamos más allá, podrían de vez en cuando mandar a la policía a supervisar las medidas impuestas en dichos centros. Todos sabemos que la policía solo ha revisado las medidas impuestas en otro tipo de establecimientos. Nosotros hemos visitado y vigilado centros comerciales, grandes superficies y supermercados en los que en más de 40 días jamás han tenido una sola inspección sobre medidas anti-covid mientras que hay locales de restauración que han recibido en ese mismo espacio de tiempo 40 inspecciones.

Durante las pasadas navidades, época causante de la tercera ola, solo el 30 % de los locales de ocio abrieron sus puertas con aforos del 30 %. Si lo pasamos a datos, eso quiere decir que en un fin de semana 3.600 personas de toda la Comunitat Valencia acudieron a locales de ocio. En ese mismo periodo se calcula que aproximadamente 3 millones de valencianos visitaron una gran superficie, un centro comercial o un gran supermercado. Creo que no hay que explicar mucho más.

¡Que decepción! Qué fácil es atacar y machacar a quien no tiene ni voz ni forma de defenderse, mientras los grandes fondos de inversión propietarios de la mayoría de los centros comerciales de este país incumplen día tras día los aforos de sus centros en cientos y cientos de personas, mientras la policía pierde el tiempo con un restaurante con 20 personas de aforo, multándole por tener 21.

¡Qué decepción! Viendo cómo los grandes compradores de deuda de la Comunitat Valencia y que ayudan a que todos estos políticos puedan seguir cobrando sus sueldos no reciben en 40 días ni una sola inspección y el gel se termina a media jornada o un cliente tras otro puede tocar y manosear un mismo producto que finalmente alguien se lleva a su casa.

¡Que decepción! Cuando vemos que en las grandes tiendas de ropa de las grandes corporaciones, los probadores siguen llenos de ropa probada por otros clientes que directamente se vuelven a colgar para que otro cliente se lo pruebe sin más y tampoco reciben ni una sola inspección policial, mientras los mercadillos de Valencia son controlados por policías hasta en el más mínimo detalle haciendo inviable la venta de cualquier producto.

Las medidas que ustedes imponen no van en función de qué es mejor para la pandemia, porque si fuese así cerrarían todo por igual y controlarían todo por igual. Y les repito tanto por igual porque ustedes son los encargados de hacer cumplir el criterio de igualdad, recogido en nuestra Constitución y que es uno de los pilares de la democracia… el criterio de igualdad.

Ustedes, cuando imponen una nueva restricción, solo piensan en la capacidad que tiene de hacerles daño a quién cierran o la capacidad que tendrá para ofrecerle un buen trabajo una vez termine su carrera política.

¡Que decepción! La gran decepción.