Sorprende que una persona guerreada en mil batallas políticas e ideológicas como Carles Arnal califique de virulenta mi respuesta a su artículo. Más allá de lo peyorativo del vocablo escogido, parece que no ha identificado la ironía, el sarcasmo, el humor... La virulencia, como la violencia, es el recurso de quien no tiene argumentos. Y argumentos en favor de la necesidad de las quemas, o de la gestión forestal, afortunadamente, hay muchos.

En su respuesta afirma que se podría evitar «gran parte» (sic) de los incendios forestales valencianos prohibiendo las quemas. Y eso, objetivamente, no es cierto. Reitero que según la EGIF (Estadística General de Incendios Forestales) dependiente del Gobierno, filtrados los datos para la Comunitat Valenciana, entre 2000 y 2015, los fuegos de origen agrícola supusieron un 14,54 % del número total de incendios y un 3,68 % de la superficie afectada. Es decir, si en el año 2000 la Generalitat hubiese prohibido las quemas agrícolas, en los siguientes 15 años, no se habrían quemado 3.328,15 hectáreas de las 90.436,99 quemadas en ese periodo. En esos 15 años, en territorio valenciano, 19 grandes incendios forestales (0,43 % del total) que son los que superan las 500 hectáreas, fueron responsables del 82,26 % de la superficie quemada (74.397,51 hectáreas de las 90.436,99 totales). La tasa de éxito de las operaciones de lucha contra incendios es altísima. Un 99,57 % de los incendios no llegan a hacerse grandes gracias al esfuerzo y la profesionalidad de los servicios públicos de emergencias. Aunque es un hecho que la causa que origina el fuego (quema, rayo, negligencia, intencionalidad…) es menos relevante que el estado de gestión de nuestros montes, o la meteorología del día del incendio, Arnal mete en el mismo saco «el 80 % de igniciones antrópicas», y se queda tan ancho. Permítame que cuestione su análisis. Hace falta una visión más afinada para tratar de resolver los graves problemas estructurales que se vienen fraguando desde hace décadas y que están traduciéndose en un incremento de los grandes incendios forestales en nuestros montes… Incendios que pueden quemar decenas de miles de hectáreas. Sin gestión, lo verá en años que no llueva tanto como en 2020.

Los cortafuegos no tienen como objeto evitar incendios como parece creer. Sirven para posibilitar su control y contención. Que no entienda, no quiera entender, o no comparta el hecho de que cortafuegos, campos cultivados, zonas pastoreadas o pistas forestales son una oportunidad de control del fuego y para la seguridad del personal, no es relevante. Y no cambia el hecho de que lo son, y que responden a una planificación y ejecución llevada a cabo por personal cualificado.

Lo que sí es relevante es que públicamente afirme cosas que no son ciertas como que un kilómetro de cortafuegos «cuesta» 24.000 euros. Para empezar, no es un coste. Es una inversión en prevención, y según las tarifas Tragsa, empresa pública que es la referencia para estos trabajos, la apertura manual de cortafuegos en terrenos con pedregosidad y diámetros de las cepas superiores a 12 centímetros, con una superficie cubierta por la vegetación del 100 %, y con una pendiente superior al 50 % implica invertir 11.485,71 euros. Y eso haciéndolo a mano. Mecanizado con un tractor con orugas de goma para minimizar la erosión se puede reducir a 440,46 euros por hectárea. ¿Qué pretende aportando datos que no se ajustan a la realidad?

Sus afirmaciones provocan estupefacción en personas que saben de incendios forestales (sobre todo porque tienen que apagarlos), aunque no sean doctores, ni tengan títulos nobiliarios. Abundan los comentarios en el sentido de que parece que le importa poco la seguridad de estas personas. Dejo la imagen que acompaña a este texto, que vale más que estas 700 palabras. Corresponden a los efectos del incendio de Beneixam en 2019. Está disponible en el informe público elaborado por la Generalitat. También ha imágenes en el informe del incendio que hizo el CEAM. ¿Para qué sirve un cortafuegos? Recuerde: una mentira repetida mil veces, seguirá siendo una mentira.