Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Milagros García Barbero

Olvidémonos de la Semana Santa y evitemos la cuarta ola

Olvidémonos de la Semana Santa y evitemos la cuarta ola

   Ni el ligero descenso de la incidencia acumulada (IA) a 14 días ni las vacunas administradas hasta el momento nos permiten pensar en una desescalada rápida con vistas a la Semana Santa. A 50 días de la Semana Santa no parece muy razonable pensar que podremos tener una Pascua normal, aunque los datos muestren un ligero descenso. Si la incidencia acumulada aceptada para relajar las medidas de seguridad, es como máximo de 50 casos/100.000 habitantes a los 14 días y si sigue bajando al ritmo actual de alrededor de 25 casos/día/100.000 habitantes, contando con que no haya ningún rebrote, con la IA actual de 750 casos por 100.000 habitantes, se tardaría alrededor de 45 días en alcanzar esa cifra y aún así el riesgo de que una cuarta ola se solapara con el final de la tercera, como ocurrió con la segunda seguiría siendo muy elevado

En la comunidad Valenciana con una incidencia acumulada de 1000casos/100.000 habitantes, 120 fallecidos a 8 de febrero, con un 59% de las camas de UCI ocupadas por enfermos COVID y una transmisión comunitaria descontrolada, al no saberse el origen del 60% de los caso, los datos no son muy prometedores. A ello se añade que la Comunidad es una de las que recibe más turistas nacionales y extranjeros en las vacaciones por lo que no se puede pensar en este momento en relajar las medidas de confinamiento, como ha insistido reiteradamente el presidente Ximo Puig «no estamos aún en disposición de flexibilizar las medidas”. Los países que mejor han controlado el número de contagios han sido los que han mantenido los confinamientos, el toque de queda y los servicios y comercios no esenciales cerrados. Políticamente son medidas difíciles de tomar, pero son las únicas que permiten frenar los contagios, la saturación de los sistemas sanitarios y salvar vidas. Con la Semana Santa no se puede volver a caer en el mismo error de salvar el verano o salvar la navidad.

Además, tenemos que contar con que la cepa británica del virus SARS-COV 2, que ya está siendo responsable de un 45% de todos los contagios en algunos lugares y del contagio de familias enteras y grupos podría convertirse en la cepa dominante a finales de febrero. A esta cepa hay que añadir la brasileña y la sudafricana, de las que actualmente tenemos muy pocos datos, pero que, al ser mutaciones parecidas a la británica, podemos asumir que su capacidad de contagio será como mínimo la misma. Aunque en España se ha detectado un solo caso procedente de Brasil, no sabemos cuantos contagiados de esta cepa habrán llegado al país en los últimos 20 días. Las cepas más transmisibles contagian a grupos más amplios de la población y aunque algunas son estacionales, el SARS-COVID-2 no ha demostrado ninguna estacionalidad. La única forma de saber el alcance de las nuevas cepas es hacer la determinación genómica y potenciar el rastreo para detectar el origen de los brotes y aislar los contactos. La estrategia no ha cambiado, pero si la necesidad de cuantificar y seguir el comportamiento de las nuevas cepas y poder determinar su contagiosidad, peligrosidad y eficacia de las vacunas.

La esperanza está puesta en las vacunas, pero el proceso de vacunación va más lento del necesario para llegar a la inmunidad del 70% de la población después del verano. España se han administrado desde el 27 de diciembre 2.167.241 vacunas, lo que equivale a un 3% de la población y de estos 1,77% han recibido las dos dosis, pero para llegar al objetivo planteado inicialmente deberían administrarse 2 millones de dosis semanales, 3 veces más de las cifras actuales. Las vacunas nos pueden hacer pensar en unas navidades mas o menos normales, pero no tendrán un impacto en la Semana Santa.

Hay que tener claro que las vacunas para ser efectivas necesitan las dos dosis, y que la inmunidad puede conseguirse ente 7 y 30 días después de la segunda dosis, dependiendo de la capacidad del sistema inmunitario de cada persona. Es decir, pueden pasar hasta 41 días para que una vacuna sea efectiva y mientras tanto sigue existiendo la posibilidad de contagio.

Olvidémonos de la Semana Santa y de iniciar una desescalada antes de tiempo, ya que de ello unido al comportamiento de los ciudadanos depende que entremos o no en una cuarta ola, con el peligro que eso supondría para las personas, la economía y el sistema sanitario La relajación de las medidas antes de tiempo y en contra de todas las evidencias científicas y advertencias de los epidemiólogos, nos llevó a la segunda ola en el verano y al tercera en navidades y ni sanitaria ni económicamente podemos permitirnos que la Semana Santa nos lleve a la cuarta. Mantengamos las medidas y con las vacunas empezaremos a salir de esta. 

Compartir el artículo

stats