Hace prácticamente un año que un virus se introdujo en nuestra vida dejándonos noqueados, abocándonos a cambiar nuestras rutinas, nuestros hábitos, nuestra manera de interrelacionarnos y hasta de comunicarnos. Cuando la mascarilla pasa a ser un complemento imprescindible, cuando un abrazo no es apropiado con una persona que no sea de tu unidad de convivencia, cuando lo virtual sustituye a lo presencial, es más que evidente que nuestra realidad ha cambiado y en esta lid, el ser humano ha demostrado una vez más su capacidad de adaptación. Los docentes hemos soportado la adversidad de enseñar a un alumnado que está en espacios distintos y distantes. La comunidad educativa se ha visto inmersa en un escenario muy diferente, atrincherada delante del monitor, sin tener la certeza de que desde sus casas el alumnado tuviera los soportes y los conocimientos que posibilitaran la enseñanza ‘online’. Siendo la resiliencia, la madre de la ciencia.

La dificultad y el reto que ha implicado ha sido tomado por la Fundación Asindown como una oportunidad de crecer y mejorar y, así nació el proyecto NosApplicamos. Esta iniciativa comenzó hace tres años y ahora toma impulso de forma acelerada con el objetivo de proporcionar metodologías innovadoras de aprendizaje a las personas con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales mediante la utilización de los recursos tecnológicos y herramientas digitales. Aumentamos la diversidad de recursos, empoderamos a nuestro alumnado en la adquisición de hábitos y estrategias digitales, favoreciendo la adquisición de conocimientos funcionales y aumentando su autonomía.

Nos encontramos con un aula muy distinta, pero también con una oportunidad para trabajar con nuestras usuarias de un modo diferente, pero en absoluto inalcanzable. Toda esta vorágine de innovación e improvisación digital se hizo posible gracias a ese compañero que nos instruyó y nos apoyó en ese aprendizaje, nos quitó el miedo escénico y nos facilitó las herramientas para que cada docente pudiera enseñar con un ‘clic’ desde su ordenador. Hemos transformado nuestra manera de comunicarnos y de enseñar. Además de todo el soporte tecnológico y la complejidad que esto supone, no hemos dejado de fomentar la motivación por el aprendizaje y la participación en la dinámica de clase; atendiendo las necesidades individuales, ofreciendo contenidos que se ajusten a la situación de excepcionalidad y a los acontecimientos sobrevenidos.

Pero sin duda alguna, quienes han demostrado su resiliencia a esta insólita situación y a todo lo que acontece, han sido, una vez más, las personas con diversidad funcional intelectual. Nuestro esfuerzo hubiera sido en vano, sin la superación e ilusión con la que nuestro alumnado se conecta e interactúa cada día.