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Elena Fernández-Pello

Hablar por hablar

Un comentario sexista remueve las olimpiadas de Tokio

La ministra japonesa Seiko Hashimoto acaba de ponerse al frente de los Juegos Olímpicos de Tokio. Lo ha hecho una semana después de que Yoshiro Mori, el primer presidente del comité organizador, justificara la escasa presencia de mujeres en ese órgano con el primer argumento que se le pasó por la cabeza. “Cuando aumentas el número de mujeres, si su tiempo para hablar no es limitado, tienen dificultad para terminar, lo que es muy molesto. Las juntas se hacen larguísimas. Les encanta competir una contra otra”, contestó cuando se le preguntó por la razón de ese desajuste, y se quedó tan ancho. Unos días después, cuando le llovieron las críticas, se disculpó, aunque añadiendo una coletilla que mejor se hubiera ahorrado: “Yo últimamente no las escucho mucho...”.

Yoshiro Mori no tiene remedio. Tiene 83 años, es miembro de una acaudalada familia y llegó a ser primer ministro de Japón durante un año solamente, que le bastó para ganarse fama de deslenguado.

No hay mal que por bien no venga, se suele decir, y, aunque no siempre sea cierto, esta vez viene al caso. La salida de pata de banco de Mori ha puesto en evidencia lo extemporáneo y ridículo de ciertas actitudes sexistas, que se reciben muchas veces con laxitud y sonrisitas, de bromitas y comentarios que maldita sea la gracia que nos hacen a las mujeres y que a estas alturas tampoco debería hacérsela a la otra mitad de la humanidad.

También ha servido de correctivo para el olimpismo internacional. En el Comité Olímpico de Japón, constituido por 24 personas, solo cinco son mujeres, y en la directiva del comité organizador de los Juegos de Tokio, solo siete de los 36 miembros. Sin embargo, casi la mitad de los participantes en las pruebas deportivas serán mujeres en 2021, el 48,6 por ciento, y el Comité Olímpico Internacional cuenta con que la paridad se alcance en los Juegos de París, en 2024.

En Japón, una campaña en internet ha recogido cerca de 150.000 firmas exigiendo la dimisión de Yoshiro Mori, cientos de voluntarios de los Juegos han abandonado, el primer ministro del país se ha apresurado a desmarcarse y también lo ha hecho el principal patrocinador de las Olimpiadas, el fabricante de automóviles Toyota. Mori, en definitiva, ya es historia y se diría que el olimpismo ha salido ganando.

A él no se le conocía mucha querencia deportiva, más allá de cierta afición al rugby, que practicó en su juventud. Su sustituta es medallista olímpica, ha participado en cuatro Juegos Olímpicos de invierno, ganó una medalla de bronce en Albertville en patinaje de velocidad sobre hielo, y compitió en los Juegos de verano en tres ocasiones, en ciclismo en pista. Hace un par de años fue nombrada ministra de Igualdad de Género y Empoderamiento de la Mujer de Japón. Tiene 56 años, es una de las dos mujeres que forman parte del Ejecutivo nipón y no está exenta de polémica, porque hace unos años se la acusó de acosar a un joven patinador. El “affaire Hashimoto” se resolvió como “un malentendido” y no impidió su ascenso. Ahora se verá si está la altura de la responsabilidad que se le ha confiado.

De lo ridículo de las declaraciones de Mori, un hablar por hablar con mucha malicia, no merece la pena hacer más comentario.

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