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Vicente

Si él no comulga, yo tampoco

La iglesia de Santa Ana en Elda, en una fotografía de archivo.

La iglesia de Santa Ana en Elda, en una fotografía de archivo.

Cientos de personas han inundado las redes sociales con muestras de apoyo y cariño a Juan Carlos Pastor Peidró después de publicarse en este periódico su dura columna de opinión «Mi hipócrita iglesia» en la que se lamenta de que en la parroquia de Santa Ana de Elda le niegan desde hace tres años la comunión por ser homosexual y haberse casado con un hombre. Permítanme que les hable un poco de Juan Carlos, aunque todo el respaldo que ha recibido de los eldenses, muchos de ellos católicos practicantes como él, lo dice todo. Juan Carlos es un hombre de iglesia, que diría mi madre; un hombre serio y amante de las tradiciones de su ciudad.

Fue una de las personas que impulsó el resurgimiento de la Semana Santa eldense; canta y preside la Coral de los Santos Patronos; lleva toda la vida trabajando en Cáritas y ayudando a todo el mundo. En Elda es sobradamente conocido y no he encontrado a nadie que no hable de su calidad humana. No quiero decir con esto que a un homosexual menos ejemplar se le pueda negar la comunión, sino que difícilmente Juan Carlos puede atentar a la sensibilidad de los católicos de buena fe, como argumentó el sacerdote cuando le negó la comunión.

Creo que a muchos lo que sí nos daña la sensibilidad es ver cómo un obispo se salta la lista de vacunación y se inmuniza primero, y obviamente nadie le va a negar la comunión. No sé con qué superioridad moral se creen imbuidos estos sacerdotes para censurar a un hombre por amar a otro ser humano cuando el propio papa Francisco decía hace poco en un documental que «La gente homosexual tiene derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debería ser expulsado o sentirse miserable por ello».

Con este tipo de actitudes intolerantes la Iglesia solo consigue ahuyentar a sus feligreses. De momento, muchos eldenses ya han mostrado su intención de protestar argumentando que «si Juan Carlos no puede comulgar, yo tampoco». No es mal lema.

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