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 Hay muchas maneras de definir el feminismo, aunque toda cosa no sea feminismo ni toda persona feminista. Por eso evito el término feminismo(s) ya que induce a equívocos. Sea teoría crítica epistemológica, sea movimiento emancipador, sea hijo no deseado de la Ilustración, nombrarlo en plural difumina el sentido unitario de la propia lucha feminista. Entendemos, con todo, que la filosofía, póngase por caso, es una sola, si bien en su seno habitan distintas cosmovisiones de la realidad, el mundo, la historia… Se le da valor a ese debate interno, en constante diálogo entre pensadores (a las filósofas ni se las nombra), corrientes intelectuales, historias y disputas biempensantes: nadie aduce, en cambio, que la filosofía sea todo y nada a la vez. No hay parangón con el feminismo, siempre cuestionado por su constante y tenaz impertinencia.

La búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, vindicar derechos que consideren a éstas como sujetos humanos y no como ornamento o comparsa, sigue siendo la razón de ser de la lucha feminista. Una manera frívola de dinamitar más de 300 años de la histórica lucha de tantas maestras y pioneras consiste en borrarlas como sujeto político, rebautizar conceptos perfectamente definidos o consolidados (mujer, patriarcado, sexo/género) y despolitizar el feminismo convirtiéndolo en un tuit, una pancarta o una conjura asociacionista. Demasiadas asociaciones dispersas en objetivos muy cuestionables. Sobran asociaciones, falta conciencia feminista. No hay vida digna, justa ni humana más allá del feminismo. No es una opción o posibilidad, sino una exigencia que compromete: a luchar contra el capitalismo, a tomar la lucha de clases como punto de partida, a combatir el patriarcado, a denunciar privilegios masculinos, a coeducar, a erradicar toda violencia contra las mujeres sea institucional, simbólica, económica, psicológica, física, moral, sexual…

Que este 8M permita sumarse a la causa feminista a todas las personas. No sólo para interpretar el mundo, sino para transformarlo y darle una buena sacudida moral, política y social. Mujeres y hombres, ¡rebelaos! El feminismo se lucha. Todos los cambios provienen de grandes revoluciones. Por ahora no ocurre difundiendo mensajes virtuales. El feminismo atraviesa cuerpos, no pantallas. El patriarcado atraviesa a la humanidad. ¿Desde dónde nos situamos? ¿Burguesía o proletariado? ¿Feminismo o incivilización? ¿Estaríamos dispuestas a derrocar el sistema patriarcal capitalista? Para tal noble y difícil fin se necesita una sola herramienta epistemológica y vital: el feminismo hecho piel. La lucha es larga, dura, costosa. Que me diga alguien si no merece la pena desvivirse para dejar como legado a nuestras futuras generaciones un mundo que deje de someter, explotar, violar y asesinar a las mujeres. Que deje de comerciar con ellas. Que las considere sujetos y no mercancía. Por un mundo sin pornografía, profundamente abolicionista y libre de hombres machistas, violentos e indignos de esta casa común llamada planeta.  

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