Entre las funciones del museo en nuestro presente están las de crear horizontes de comunidad, generar experiencias conjuntas y activar la capacidad de imaginar, entendiendo la práctica artística no solo como un producto sino como una actividad, un proceso y una potencia. El trabajo de los feminismos, a su vez, nos abre un campo de posibilidades para la acción que nos permite superar conceptos cerrados y estáticos, para incorporar otros más abiertos, que tienen que ver menos con la razón analítica y más con la vida y con las experiencias concretas, superando falsas dualidades. Los feminismos en el museo se despliegan entonces como potencia de construcción de relatos y de modos de hacer y relación diversos, muchas veces aún por descubrir. Los feminismos en el museo nos permiten reconocer la multiplicidad de aproximaciones a un hecho, a una historia, a una realidad contingente; nos ayudan a ser consciente de las incertidumbres, las vulnerabilidades, los cambios de dirección, las posibilidades pasadas y futuras. Subvertir las expectativas, repensar los tiempos e involucrarnos en nuevas relaciones supone intentar crear mundos en movimiento, lugares-refugios de ideas radicales y también atrevidas.

Desde el IVAM estamos desarrollando redes de colaboración y contacto con otras entidades y personas que nos ayuden a entender la densidad de un presente que aún no está aquí, y que aparece cargado de múltiples pasados por descubrir. En este trabajo del museo de superar, como nos recuerda José Esteban Muñoz, «el aquí y ahora», la noción de que nada existe fuera de la esfera del momento actual (marcado por el capitalismo y la heteronormatividad), aparecen las contribuciones de exclusiones ancestrales por cuestiones de raza, clase o género. El programa del IVAM para los próximos cinco años quiere hacer visibles las tensiones y mutaciones de nuestra contemporaneidad, a través de una serie de metodologías, proyectos y relatos que incorporen otras miradas, otros saberes y otras formas de hacer. Todo lo que ocurre en el mundo nos atañe, por eso tendremos en cuenta los contextos: la condición situada del museo y lo global de sus proyecciones, de los «otros locales» y de los procesos de acercamiento y reubicación en nuevas interlocuciones globales. La movilidad de lo real, la historicidad como vivencia de cambio, será otra de nuestras preocupaciones, por lo que uno de los ejes fundamentales se centra en la recuperación de la historia como espacio de discrepancia y consenso, perpetuamente sometido a una corrección y por ello siempre incompleto. La historia sugiere animar nuestras facultades críticas para que el pasado tenga relevancia sobre el presente y el futuro. Lo popular, conectado con el debate político, será otra de las lentes de aproximación, acogiendo producciones culturales no hegemónicas o no reconocidas en las lecturas instituidas: los ámbitos de marginalidad amparados por lo popular, ofrecen yacimientos privilegiados de escucha del contexto actual. Y de nuevo, los feminismos, como marco más amplio y transversal de una nueva ecología de las relaciones con los contextos, con el mundo y con los afectos.

Muchas personas me han acompañado en mi vida profesional, y me han enseñado a trabajar con cuidado, a comprometerme, a involucrarme activamente en proyectos que (nos) importan. Hemos aprendido juntas a pensar en compañía, a colaborar y a entender que el mundo está habitado por una pluralidad de seres singulares pero interdependientes, incorporando una forma relacional de pensamiento. Muchas de esas personas son artistas, curadoras o escritoras con trayectorias largas, pero desconocidas, que desarrollaron y continúan desarrollando proyectos personales resistiendo al olvido, alejadas de la visibilidad pública, sin poder confrontar su práctica artística en una esfera crítica. Recuperar esas experiencias para el presente es aún una urgencia, pero percutir y transformar los marcos de sentido que permiten esa invisibilidad es aún más prioritario, para no seguir condenando trayectorias en plenitud.

En el siglo XXI la institución museística ha contribuido a derribar estructuras jerárquicas, patriarcales y excluyentes, mediante discursos y acciones que plantean nuevos imaginarios, a partir de las investigaciones feministas post-identitarias y decoloniales, la reconsideración de minorías y mayorías subalternas, y de la cultura popular. Pero el museo ha de continuar trabajando para dar forma a experiencias colectivas y críticas que proporcionen nuevos marcos de actuación y modos de acción en una sociedad heterogénea, con el fin de hacer una institución más responsable y más solidaria. Quiero terminar este artículo, que se publica el día 8 de marzo, con unas palabras de la feminista Audre Lorde: «La calidad de la luz con la que observamos nuestras vidas tiene un efecto directo sobre la manera en que vivimos y sobre los cambios que pretendemos lograr con nuestro vivir».