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Farache

Los mimbres de Millás

Mi compañera María y yo nos reunimos hace unas semanas con Silvia, Juan Carlos y Miguel. Aunque son nuestros clientes, les sentimos y tratamos más como amigos. A pesar de que la reunión fue a través de video llamada, mantenemos las buenas costumbres que teníamos cuando eran presenciales; antes de “ir al grano” dedicamos unos minutos a conversar, siempre hay algún tema que sale..., no se sabe de dónde, pero sale.

En esta ocasión los dos primeros en conectarnos a la reunión empezamos a hablar de la equivocación como parte de la vida. Enlazamos la equivocación con la evidente y generalizada falta de autocrítica. Los tres que faltaban fueron llegando muy rápidamente a la reunión (hemos ganado mucho en puntualidad con la virtualidad) y se sumaron a la conversación. Comenté que la equivocación había sido el tema elegido por Juan José Millás en su conversación semanal con Javier del Pino en A vivir que son dos días (Cadena SER).

Para mí sorpresa cuatro de los cinco que estábamos en esa reunión habíamos escuchado el diálogo de Millás. Los cuatro rememoramos la conversación, los cuatro habíamos sentido placer escuchándola y éramos capaces de recordar detalles e incluso la literalidad de alguna frase. Así pues, el prólogo de la reunión duró mucho más que en otras ocasiones. En definitiva, empezamos conversando sobre una buena conversación.

Hoy es prácticamente imposible que acontezca lo que nos ocurrió, que cuatro de cinco personas reunidas hayan visto o escuchado el mismo programa, hayan leído la noticia en el mismo periódico. Éramos cuatro de cinco a las 9 de la mañana de un domingo haciendo exactamente lo mismo. Y para más inri, se trataba de prestar una atención casi devota a una conversación.

La coincidencia me dejó perplejo. Le pregunté a Carlos Lozano presidente de AIMC (la asociación que promueve y gestiona el Estudio General de Medios – EGM) cuántos éramos los que escuchábamos de media esa conversación semanal de domingo en España. Me contestó que un millón ciento cuarenta y cinco mil oyentes, lo que equivale a más de once Camp Nous (el campo de fútbol con más aforo) llenos hasta la bandera, como en los buenos tiempos. Me imaginé a todas esas personas atentas al otro lado de la radio, esperando nerviosas, como la espero yo, a esa conversación gratificante, enriquecedora.

Reflexioné y concluí que la calidad de nuestra vida está estrechamente relacionada con la calidad de las conversaciones que la llenan. Las conversaciones que uno mantenga y las que uno haya tenido la oportunidad de escuchar. Quizás por eso seamos tantos escuchando a Millás y del Pino.

Tantas personas sensibles, ávidas de serenidad, deseosas de escuchar con atención al prójimo siempre y cuando este tenga algo interesante que decirnos, debe ser una buena señal. Es posible que tengamos buenos mimbres para hacer un buen cesto, pero no haya buenos gerentes de la cestería.

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