Cuando estamos rememorando estos días los inicios de la dañina, intempestiva e inesperada plaga que nos azota ya desde hace ahora justo un año, resulta fácil recordar cada uno de los períodos más significados por las sucesivas imágenes transmitidas hasta la saciedad y la fatiga por los medios de comunicación, en especial la televisión. El primero sería el de los incontables ataúdes de los desafortunados afectados vencidos por el virus, que luego dejaron espacio y fueron solapados por los bastoncillos que se introducían en las fosas nasales al objeto de analizar si los estoicos pacientes estaban o no contagiados, más reciente es la profusión de las jeringuillas y la inyección de las vacunas, y la última etapa, deseable, deberá ser la de nuestras playas repletas de bañistas en el próximo verano, una vez superada la crisis.

 

Analizaba recientemente un brillante articulista en este mismo diario el riesgo que acecha a España de quedar rezagada respecto a otros países de la Unión Europea, quebrándose así la tendencia a la convergencia económica, sostenida desde nuestra incorporación en el año 1986. La pandemia puede dar lugar a la que denomina "la gran divergencia", no solo entre los países sino también entre las regiones; uno de los cuatro factores catalizadores de ese lamentable fenómeno podría ser el desplome del turismo por segundo año consecutivo.

 

La repercusión económica de la epidemia en España durante este primer año ha sido dramática: Somos el país europeo en el que más ha caído el producto interior bruto, en el que más ha crecido el paro y, seguramente también, en el que más se han agravado las desigualdades sociales, a pesar de las buenas intenciones y buen hacer de las autoridades.

 

¿Que pasaría si el 2021 fuera de nuevo un año catastrófico en turismo?. Esta actividad representaba hasta el años 2019 en torno al 12% del PIB de España, próximo al 13 % de los puestos directos de trabajo, es, evidentemente, un sector clave en la economía nacional; por lo cual la preocupación más inmediata deberá ser la reactivación de los sectores paralizados, entre los cuales el más importante es el turismo; las innovaciones, los nuevos proyectos que habrán de llegar necesitarán más tiempo para poder recoger sus frutos.

 

Para la próxima recuperación de los países que viven del turismo sería imprescindible que la libertad de circulación de las personas se haga factible antes del próximo verano, para eso hay que garantizar la salud de los españoles primero, eliminar el riesgo de contagio del virus, y luego garantizar también la libertad y seguridad de movimiento de los ciudadanos europeos, nuestros más seguros y potenciales visitantes. Otra significación tendrá el impulso, la ampliación y la modernización de la industria, la cultura, los servicios, la implantación de las nuevas tecnologías, la digitalización y las adaptaciones ecológicas, con la implementación de los fondos europeos del plan de recuperación.

 

La lucha contra el virus pasa inexorablemente por las vacunas. Ha sido sorprendente su puesta a punto en tiempo record, a la vez que están demostrando una eficacia impresionante e insospechada, así se evidencia en los países más adelantados en el proceso de vacunación, como Israel, el Reino Unido, USA; su éxito se extiende también a la ausencia de efectos secundarios relevantes. Todo ello produce felizmente que el problema más importante en estos momentos no sea la fiabilidad de las vacunas, sino la capacidad de los Estados para inocularlas e inmunizar a toda la población rápidamente. Una muestra de la fe en ellas depositada puede leerse en el eslogan "Jab and go" (vacúnate y vete) con el que se promociona la compañía aérea Ryanair desde el pasado mes de enero.

 

Partiendo de esa premisa, para garantizar y facilitar la circulacion de los ciudadanos inmunizados, de los actores turísticos surgió la ocurrencia de crear un pasaporte de vacunación que permitiera a sus poseedores moverse libremente por Europa. Grecia es el primer país que planteó la idea mediante una carta de su primer ministro a la presidenta de la Comisión Europea el día 12 de enero de este año.

 

Esa iniciativa recibió en principio la desaprobación de Francia; su presidente veía en ella el peligro de que fuera asimilada a una obligación de vacunarse, la cual cuenta entre nuestros vecinos con muchos detractores y es allí un tema sensible. También su máxima autoridad en turismo manifestaba ser muy reticente, dado que la campaña de vacunación estaba en sus inicios, otra cuestión sería cuando la inoculación llegara a todos los ciudadanos. También se mostró opuesta Rumanía, cuyo presidente sospechaba que dividiría a la población europea en dos. Igualmente se manifestaron reticientes los Países Bajos. Alemania, en cambio, mantuvo la discreción. Luego han ido modificando su opinión. Obviamente la propuesta contó desde el inicio con el apoyo de los países turísticos, España, Portugal, Malta, más Polonia, Estonia y Dinamarca; igualmente ha obtenido el favor de la Comisión Europea, asimismo recibió el soporte de la Organización Mundial de la Salud, a escala mundial, y de las compañías aereas.

 

El tema experimentó un impulso importante en la reunión, por videoconferencia, del ejecutivo europeo el día veintiuno de enero. En la misma, la Comisión instó a los veintisiete a trabajar en la elaboración de un certificado de vacunación que permita viajar y un test negativo para los que no hayan tenido todavía acceso a la vacuna. En la posterior reunión del ejecutivo europeo, también por videoconferencia, el día veinticinco de febrero, se anunció que presentarían una proposición legislativa para la creación del pasaporte de vacunación, documento que será finalmente reconocido con la denominación de "pasaporte verde", adjetivo inducido de la vía del mismo color para camiones en las fronteras, que deberá permitir el desplazamiento con seguridad para trabajar o hacer turismo entre los países de la Unión.

La información más reciente nos pone al corriente que la presidenta, Sra. Von der Leyen, ha anunciado que el día diecisiete de marzo la Comisión propondrá la creación del pasaporte verde, que servirá a su titular como prueba de estar vacunado, o de los resultados del test, para aquellos a los que no les ha sido todavía inyectada.

 

En el aire quedarán algunas cuestiones a las que la ciencia aún no ha dado respuesta, como si los vacunados, y por tanto portadores del salvaconducto, pueden transmitir o no la enfermedad, la duración que tendrá el pasaporte, o qué fiabilidad se puede atribuir a las vacunas no autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento, como la rusa o la china.

 

El gran objetivo de conseguir no más tarde del verano la garantía de la seguridad y generalización de los desplazamientos por toda Europa depende en muy elevado porcentaje de que la vacuna haya llegado al mayor número de personas, propósito en el que hay constancia que la Comisión Europea está volcada en este momento; se ha abierto la "carrera por las vacunas", con el claro propósito de "salvar el verano", y de no repetir algunos errores experimentados al inicio, en la contratación, suministro, distribución y aplicación de los fármacos.