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Comunismo y libertad

Nada compensaría a Yolanda Díaz perder la cartera de trabajo, ni la vicepresidencia segunda ni la primera, porque toda su vida ha girado en torno al mundo obrero, a la solución colectiva, a los derechos y aspiraciones de la clase trabajadora.

Yolanda es hija del naval, de la crisis del naval, de los cincuenta años de agonía de un sector que nunca pudo reinventarse en la comarca de Ferrol, sino solo adaptar los sueños quebrados de una generación a una realidad de expectativas limitadas.

La explicación más recurrente del surgimiento de los populismos de extrema derecha refiere a como los “perdedores de la globalización”, aquellos trabajadores no especializados que han visto como sus trabajos se deslocalizaban y sus ciudades se desindustrializaban orientaban su voto a la extrema derecha.

Pero en Ferrol, el naval fue la cuna en la que se meció primero la resistencia antifranquista y después la voluntad de transformación democrática del movimiento obrero, como bien ha señalado Pepe Alén. El sindicalismo de finales de los sesenta y principios de los setenta no aspiraba a un régimen comunista, sino a uno democrático. Y cuando se ha pagado un precio tan grande por la democracia no se puede mirar a la extrema derecha.

La historia política de Yolanda no puede desvincularse de esa historia dura, de gente represaliada, de valor y de valores, de ilusión, de esperanza y de decepción colectiva. Para lo bueno y para lo malo, Yolanda arrastra esa mochila que igual le puede servir para el desencuentro y el resentimiento que para la reconciliación y la negociación, todo depende como la use.

Yolanda puede seguir la ruta de Pablo Iglesias o construir su propio camino; todo apunta a un carácter más negociador, menos estridente, más orientado a lo que realmente importa que a hacer de la política un espectáculo permanente, donde sólo importa la forma y pierde sentido el contenido. Porque si de algo habla la genética de Yolanda es de contenidos, de la importancia de las políticas públicas para cambiar las vidas de la gente; podrás estar o no de acuerdo con ella, pero Yolanda no viene de la política espectáculo sino de la lucha.

Es implacable y contundente en el discurso, radical tantas veces, va directa al otro, igual con Irisarri que con Feijóo, Sánchez, o ahora con la oposición; pero ha aprendido que la política es negociación. Ha tenido que saltar de un agarre a otro para subir los peldaños de la política, y esto le ha valido ser tratada como “trepa” en algunas ocasiones.

Tiene claro su objetivo, luchar por la presidencia de España, y mientras los conspiranoicos se debaten entre los que creen que los Iglesias-Montero le han concedido este privilegio porque es ya la única de la que se fían, y los que piensan que los tiempos vienen duros y alguien debe comerse el resultado de las próximas elecciones, yo soy de las que cree que si una mujer con el carnet del PCE se convierte en estos días en vicepresidenta de España, no debemos perderla de vista.

Ojalá sirva para dejar la política espectáculo y poner en valor las políticas públicas, pero también para que no volvamos a los tiempos en los que aterrorizábamos a los niños y a los viejos con la palabra comunismo, y para rendir homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que en Galicia, renunciaron a su libertad para garantizar la nuestra, muchos de ellos comunistas. Yo no, nunca, pero gracias. Eso va en la mochila de Yolanda, y tendrá que gestionarlo.

*Profesora de Ciencia Política y Sociología de la Universidade de Santiago

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