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Joan Carles Martí

Valencianeando

Joan Carles Martí

Con ganas de la Fira del Llibre

Aunque las casetas deberían estar montándose esta semana en los Viveros, esperemos que la pandemia lo permita este otoño

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En unos días deberíamos inaugurar la Fira del Llibre. La quincuagésima sexta, ahí es nada. El condicional ya suspendió la edición presencial el año pasado y los organizadores tienen prevista su celebración en su tradicional emplazamiento de Viveros para otoño, «en función de la situación sanitaria». Curiosamente la pandemia ha reavivado las librerías. Amenazadas por el bajo índice de lectura y los gigantes de las distribución editorial llevábamos años ampliando la lista de desapariciones. Los héroes supervivientes, que gozan de todo mi respeto y admiración, han recibido su justo premio. La resistencia se ha vuelto a imponer, y el Gremi de Llibres de València ha demostrado su buen hacer. Pasear por cualquiera de nuestras librerías vuelve a ser un acto de revolución ilustrada que nos acerca a las sociedades refinadas. Dejarse minutos entre sus estanterías significa ganar vida. Entrar sin ninguna lista previa y sumergirse en los anaqueles de colores supone la seducción máxima de nuestro tiempo. Y en caso de necesidad, acudir a los libreros, esos sabios que trajinan con las letras con la misma honradez que un panadero y la sabiduría de un farmacéutico.

Trío mítico.

València mantiene una cuarentena de librerías abiertas. Céntricas, periféricas, grandes, pequeñas y medianas. Así que cada una sale a una ratio de 20.000 vecinos a su cargo. La legislación sanitaria establece una farmacia por cada 1.800 habitantes, y según me dice mi estanquero de guardia hay una expendeduría de tabaco por cada 9.000 residentes, sean fumadores o no. Pues eso, la conclusión está clara. Mis queridas librerías, las primeras, fueron tres. La Soriano, la primera que se abrió en Fernando el Católico, entre Borrull y Lepanto. Allí compré los primeros libros de lectura obligada del instituto, la mayoría obras de la historia de la literatura de la mítica colección Austral, que por cierto vuelve. Luego descubrí una pequeña, donde se hacían presentaciones y además encontrabas libros fuera de circuito. Habló de Llavors Llibres, en Erudito Orellana. Cerró hace años, pero cada vez que paso por esa calle cerca del antiguo mercado de Abastos, aún recuerdo el local con su cartel, la silueta de un libro en blanco y negro, con las páginas inferiores con cuatro barras rojas y cinco amarillas, y rematado como si fuera un punto de lectura por una pluma cervantina. Y Tres i Quatre en el número 7 de Pérez Bayer, seguramente la librería valenciana más atacada en el siglo XX. Nunca se detuvo a los terroristas de la ultraderecha que pusieron paquetes bombas al final del franquismo, ni a los que explosionaron un gran artefacto en noviembre de 1976. La entereza democrática de su llibreter Carles Jorro y de sus clientes estuvo siempre a pruebas de bombas. La Soriano sobrevive en un local grande de la calle Xàtiva, y Tres i Quatre se trasladó en los noventa al número 11 de la misma calle, ya con vistas a Colón, y en noviembre de 2006 cerró para integrarse en el Octubre Centre de Cultura Contemporànea, donde sumó los dígitos de sus nombre y ahora se llama Fan Set.

Paseo Antonio Machado.

Muchas ciudades presumen de sus librerías. Pienso en París, Londres, Oporto o Nueva York. Nuestra aportación a la civilización ha sido más hortocitrícola, que tampoco está mal, pero la Fira del Llibre se ha situado como una de las mejores de Europa, tanto en ventas, como en visitantes. Además el paseo central del Jardín de Viveros, donde se celebra desde de 1985, se ha convertido en una tradición cívica y en visita pedagógica obligada. La edición del año pasado, la 55, se realizó de forma virtual del 13 al 22 de noviembre. Con todo, participaron más de 50 escritores y unos 19.000 cibernautas. Esperemos que el plan de vacunación funcione, y que este verano mejore la responsabilidad sanitaria para que se pueda celebrar la Fira de este año. Sin embargo, espero con ansiedad la primavera del 2022, para quedar con Alfons Cervera, que siempre va el último día de feria, el 1 de mayo, para firmar libros.

La tradicional calle Antonio Machado en el Jardín de los Viveros durante la Fira del Llibre.

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