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Isabel Olmos

No estamos hechos de átomos, sino de historias

«Quizás me hice periodista para asegurarme de tener, cada día, un relato cerca de mi».

Llorenç Giménez, contacontes-

Llorenç Giménez, contacontes-

Con sus venas -y el corazón también - abiertos en canal por su América Latina, el recopilador de memorias Eduardo Galeano escribía: «Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias». Y así es. Historias desde que nacemos hasta que morimos, historias pequeñas o grandes historias, historias que nos cuentan otros con vocación de eternidad o que nos repetimos a nosotros mismos para hacernos, quizás, la vida más amable.

Desde muy pequeña adoré las historias, los relatos que los mayores tenían para mi y compartía con ellos las emociones, miedos y esperanzas que subyacían bajo ese legado de vocales y consonantes que siempre, siempre, querían decir más de lo que decían. Absorta en una mesa camilla, junto al fuego o en la terraza de una casa cerca a la playa quería saber más y escuchaba a los adultos absorbiendo de ellos cada gesto, cada silencio, cada mirada, como parte indispensable de ese teatro que versaba sobre personas y hechos congelados, mundos en un tiempo y un espacio al que yo intentaba llegar con devoción y una imaginación desbordada. Siempre que hablo de historias no puedo evitar recordar al amado Llorenç Giménez, que con tanta ternura nos compartió relatos que nutrieron nuestras almas.

No recuerdo un solo día de mi vida sin historias. Quizás sea fruto de mi oficio de periodista aunque para ser sincera, estoy convencida de que me hice periodista para asegurarme precisamente eso, tenerlas siempre cerca. Muy cerca. Y cada día hay mil. Hablan de las personas, de sus esfuerzos, de sus anhelos, de reivindicaciones, crisis, conflictos y de las acciones más oscuras como seres humanos. Muchos de ustedes, porque están leyendo esto, también están hechos de historias, de finas capas de voces, gestos, instantes, recuerdos... Cuídenlas. Es uno de los legados más importantes que les han dejado y que ustedes pueden, a su vez, repartir generosamente.

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