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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

Madrid no es un paraíso

Madrid, ese territorio de cañas libres y mayor ligereza en las restricciones del personal, no va tan bien cuando se baja a mirar las cuentas

Madrid

Que no quiero estar desnudo para que me veáis por dentro, canta Luis Ramiro en una de esas tantas canciones que pongamos que hablan de Madrid. Podría citar unas cuantas. No sé cual es mi canción definitiva. Me gusta Madrid. Puede ser que la conozcas. Me siento bien en Madrid. Uno de esos lugares en los que te sientes acogido desde el primer minuto. Eso vaya por delante. Con sus tipos peculiares, solo posibles en Madrid, perfectamente identificables, no digo más, pero un lugar en el que a las pocas horas sientes que podría ser tu lugar. Me parece una estupidez la madrileñofobia, tanto como la catalonofobia o la valencianofobia. Como si los habitantes de un lugar fueran los responsables de las acciones y estrategias de sus gobernantes.

Madrid siempre encuentra abierto un bar, dice Marwan. En ese perfil de su identidad ha basado su gestión, su éxito y su actual campaña electoral Isabel Díaz Ayuso. Libertad, felicidad y buen rollo. Una emoción frente a cualquier dato empírico. De eso se trata en las elecciones de ahora, de apelar a lo más íntimo, como si de un anuncio publicitario de un coche de lujo se tratara. No es cosa de vender un detergente porque limpia mejor que cualquier otro, sino de hacerte soñar con la sensación de ser uno de los privilegiados que conduce un coche así, que vota en un lugar así. No es algo tan nuevo. Que se lo digan al viejo y entrañable alcalde Enrique Tierno Galván. «El que no esté colocado, que se coloque», clamó en aquellos años (1984) en que se impuso la visión colorida y lúdica de la Movida. La lista fúnebre que la droga empezaba a dejar en aquellos ochenta quedó oculta y ni siquiera es el relato dominante ahora de unos tiempos presuntamente dorados. «Al loro», como dijo el profesor.

Pero yo quería hablar de cifras. De eso que se habla menos estos días. Porque Madrid, ese territorio de cañas libres y mayor ligereza en las restricciones del personal, no va tan bien cuando se baja a mirar las cuentas. No es la economía que más crece: el PIB es de los que más caerá en 2020, según las previsiones de los laboratorios económicos. El gasto sanitario por habitante es el menor de España detrás de Andalucía, según datos de 2019: 1.340 euros, frente a 1.477 en la Comunitat Valenciana. La tasa de centros de salud y consultorios por cada 100.000 habitantes es de 6,5, frente a 17 en la C. Valenciana (que no alcanza la media española). El gasto social, incluyendo sanidad, educación y atención social, aumentó el último año un 2,1 % en Madrid; en España lo hizo un 5,6 % y en la Comunitat Valenciana, un 10,4 %. El paro creció 3,54 puntos en Madrid en 2020, por encima de la media española (2,35) y del dato valenciano (2,24). Las cifras de la pandemia son de manejo diario casi. Madrid presenta una incidencia acumulada de 406 casos frente a 230 en el total de España y 39 en la Comunitat Valenciana. Su porcentaje de camas UCI ocupadas a día de hoy es del 40,8 % (un 7,3 % en la C. Valenciana). Y acumula casi el 20 % de los muertos por el virus de toda España, cuando representa el 14,3 % de la población.

Pongamos que yo quería decir que Madrid no es un paraíso. Ni fiscal, porque solo lo sería para unos pocos. No es una fiesta, aunque pueda parecerlo. De eso va esta campaña, de no verla desnuda o de examinarla por dentro.

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