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Ricard Pérez Casado

plaza mayor

Ricard Pérez Casado

Exalcalde socialista de València (1979-1989)

Libertad

El resultado emergente no es otro que el descubrimiento de la faz del fascismo

Ni se fueron ni se les echó. Se quedaron como herederos de su victoria y de sus prebendas. Los tiempos y las ideologías dominantes habían cambiado. La defensa de los intereses y los privilegios pasaba por ajustarse a las normas comunes del entorno geográfico, político y sobre todo económico. Europa, la Comunidad Económica Europea, la meta mágica para que todo cambie para que todo permanezca, el eterno Gatopardo.

Pensaron, sin que les faltara razón, que bastaba con arrinconar en el fondo de los armarios lentejuelas, medallas, correajes y enviar al tinte camisas y chaquetas mientras repasaban aceleradamente las pocas lecciones más elementales de la malhadada doctrina democrática y su pesadez de derechos humanos, libertades, normas. Los socios de ayer y de mañana exigían aprobar esta selectividad impuesta a los aspirantes, con una intención más exigente en lo que respecta a las doctrinas económicas, las ortodoxias correspondientes en lo que los aspirantes eran más duchos.

El sacrificio no era excesivo pues nada impedía seguir con lo mismo bajo otras formas menos ásperas, y eso que la resistencia fue considerable con su cohorte de detenciones, ejecuciones hasta la agonía final.

Un pestilente aliento de pasado ha sacudido las apacibles relaciones establecidas por el olvido y la desmemoria, ambas cultivadas con entrega y esmero por parte de los vencidos y sucesores con el mismo empeño con que se jactaban y presumían los herederos, los cachorros de los vencedores.

Primero fue la ruptura de las formas, la trituración del lenguaje, sustituidos por los gestos obscenos y el insulto. Siguieron las provocaciones, las acusaciones, los bulos echando mano de lenguas ajenas como las fake news ellos, tan enemigos como ignorantes de las lenguas españolas no castellanas.

Siguió la definición del enemigo interior, o mejor su recuperación a falta del enemigo exterior por la implosión de la URSS (ni oro ni consignas, solo el vacío). Por fortuna quedaban los rojos locales, los separatistas y algún rescoldo de judíos o masones que siempre queda algo donde siempre hubo.

El hallazgo del enemigo exterior se produjo cuando aparecieron los inmigrantes, acogidos con alegría cuando la prosperidad, perseguidos con saña cuando se transformaron en autores del dumping social o simplemente ya no interesaban. En su persecución compiten como siempre los conversos, incluso los emigrantes locales de las épocas más felices ahora a la sombra de los caciques y testas nobles que los empujan y aplauden.

Hacer de las víctimas culpables. Unos delicados orfebres en este objetivo para el que cuentan con manos bien entrenadas, hábiles en el manejo de los informes y las sutilezas de las bocamangas puñeteras. Auxilio a la rebelión es su antecedente que persiste, la acusación a quienes defendieron y defienden la legalidad democrática frente a las agresiones de los anti-demócratas. Contribuyen a esta aparente confusión autoridades electas en aplicación de la ley depurada por los endogámicos vitalicios por oposición, ese sistema que no tiene parangón en el entorno geográfico, político, etcétera, de las democracias.

Resulta oportuno añadir que la tibia respuesta a estos ataques a los cimientos mismos del sistema puede indicar dos cosas: temor o complacencia. En el primero de los casos implica debilidad o, peor, mala conciencia por los oscuros, ocultos, inexplicables compromisos adquiridos para el sostenimiento del status quo ante la imposibilidad de ruptura con la dictadura, sus instituciones, y sus poderes económicos, políticos, eclesiásticos. El segundo, además de la irresponsabilidad, la complicidad para contener (?) los movimientos sociales que reclaman una vez más transparencia, persecución efectiva de la corrupción secular de quienes presumen de rechazar la democracia, sus normas e instituciones.

Es más, lo formulan sin ambages. La misma Constitución, entendida torcidamente como Tabla de la Ley a la manera mosaica, es objeto de su propuesta de eliminación a propósito de los derechos de las minorías nacionales o de los elementos sociales contenidos en la misma, y por supuesto de los derechos y libertades amordazados por la legislación ordinaria y la interpretación judicial de la misma.

El resultado emergente no es otro que el descubrimiento de la faz del fascismo. Esta vez sin la fanfarria, al menos por ahora, de tambores, cornetas, ricino, palizas o tiros de la ley de fugas. Aunque procesiones todavía menudean impunes, con antorchas, uniformes, banderas y estandartes. Para recuerdo de los adormecidos, equidistantes y pasajeros de páginas sin leer.

La concreción en candidatos derechistas de diseño portadores del pensamiento vacío, y la tremenda confusión metonímica de una comunidad autónoma con todo un Estado complejo, multinacional y multicultural, convierte el estercolero en jardín donde pastan los becerros y los veteranos de la extrema derecha que nunca se fue, que vivió como las bacterias al calor tibio de las entrañas de la derecha dinástica, la que por cierto en sus orígenes evitó el voto a la Constitución de 1978 e ignora deliberadamente la condena a la dictadura franquista. Eso sí, desde la vaciedad resulta más fácil que entre los medios de comunicación, entre chanzas y chascarrillos, se prodigue la imagen y el desprecio por la razón de sus candidatos.

No están solos nuestros fascistas. Tienen socios europeos como en el pasado tuvieron los entrañables nazis alemanes y fascistas italianos. Los nuevos son parásitos de Europa, la de la paz, seguridad, libertad y prosperidad compartida. Esta última la entienden como suya con el fin de seguir aumentado una desigualdad que la pandemia ha acentuado.

Cuentan con hallazgos del lenguaje politológico. En efecto, junto al neoliberalismo económico cuyo evangelio no solo predican, sino que aplican de modo descarnado sus amos, los poderosos del dinero. El hallazgo, la democracia iliberal, el retorno al autoritarismo con el incienso y la liturgia democráticos sin la estridencia y el horror de los cadalsos o las tapias de los cementerios. Una democracia iliberal, esto es, un simulacro que encubra las amenazas que prodigan, sus intenciones últimas. Con chirigotas, medios, tertulianos y demás les hacen la campaña electoral gratis.

Hoy, Primero de Mayo, ante la conjunción disyuntiva de libertad o socialismo, la más placentera, copulativa, de libertad y socialismo con valores republicanos democráticos, claro.

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