30% DTO ANUAL 24,49€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Los candidatos saltan a calentar

María José Catalá puede ser la portavoz del PP de Carlos Mazón del mismo modo que el alcalde de Madrid lo es de Pablo Casado

Bonig, Mazón, Barcala y Catalá

Bonig, Mazón, Barcala y Catalá

Aún faltan dos años para las elecciones autonómicas y municipales, pero coincidiendo con el ecuador de los mandatos en la Comunitat Valenciana algunos de los principales participantes en las lizas han irrumpido en la escena para tomar posiciones. Y hay sorpresas a derecha e izquierda del fiel de la balanza.

Todo parece indicar que Isabel Bonig afronta sus últimas horas como lideresa de los populares valencianos. Resignada a ser apartada para dejar el paso libre al alicantino Carlos Mazón hacia la presidencia regional del PP, trata desesperadamente de dejar lo mejor colocada posible a su guardia pretoriana, principalmente a su secretaria general, Eva Ortiz, aunque la cosa está difícil porque en la sede central de la calle Génova no olvidan quién hizo campaña por Pablo Casado y quién por Soraya Sáenz de Santamaría cuando hubo que elegir bando. Y el verdugo Teodoro García Egea espera con la guadaña afilada la orden de asestar el golpe desde Murcia, a tiro de piedra de Orihuela, su pueblo y el nuestro, que escribía Miguel Hernández. Al margen de afinidades y afectos, si el PP ha decidido cambiar de cartel es porque tiene encuestas que le dan mejor resultado con Mazón que con Bonig para 2023. Luego ya vendrá la organización interna, y ahí se va cociendo una alianza de intereses entre el presidente de la Diputación de Alicante y la aspirante popular a la Alcaldía de València, María José Catalá. Si Pablo Casado preside el partido y el alcalde de Madrid es el portavoz nacional del mismo pese a sus numerosísimas ocupaciones, ¿por qué descartar en la Comunitat Valenciana esa misma fórmula de equilibrio territorial? Para ganar peso orgánico y ensanchar su base electoral, Catalá ha sacado a pasear esta semana la fotografía de Rita Barberá con la excusa de pedir para ella el título de alcaldesa honoraria cuando se entreguen las distinciones locales el próximo 8 de octubre. ¡Lo que hay que ver! Tanto ella como su número dos, María José Ferrer San Segundo votaron en las Corts a favor de que Barberá devolviera al PP su escaño de senadora territorial cuando la justicia empitonó a 50 cargos y asesores populares en el llamado pitufeo, aquello de aportar cada uno 1.000 euros para financiar su propia campaña electoral de 2015 siéndoles devuelto el dinero en negro, algo que la justicia no ha podido establecer más de cinco años después de abrir el caso. Catalá y Ferrer votaron contra Barberá; Bonig, Eva Ortiz y otros destacados miembros de su equipo asistieron al funeral de su amada alcaldesa de pie y escondidas detrás de una columna de la Catedral porque la familia no quería ni ver a quienes habían abjurado de la carismática líder; y ahora reivindican su legado para tratar de poner en aprietos al gobierno municipal de izquierda y, sobre todo, para marcar el territorio en el que el expresidente Francisco Camps quiere asentar su regreso a la política activa. Dicen que cuando el PP le descarte como candidato a la alcaldía creará una agrupación electoral para sumar votantes democristianos, blaveros sin partido, defraudados de Vox, huérfanos de Ciudadanos y admiradores de la que fue primera edil durante 24 años. Cual nuevo Palleter, el expresidente aspira a regresar por la puerta grande alentado por quienes le recuerdan todos los días que los casos judiciales ya cerrados por los que su partido le enseñó el camino de salida hace diez años se han zanjado con archivos y absoluciones.

Hay quien señala que Toni Cantó (de profesión, ex) también jugará este partido municipal, pero no hay espacio en esta columna para glosar lo que sería un insulto para los valencianos, quienes le votaron y quienes no, convertidos en plato de segunda, tercera o cuarta mesa.

En la zona izquierda de la balanza, el paso del ecuador también ha estimulado las terminaciones nerviosas que se extienden hasta las urnas de 2023. Especialmente relevante es el pronunciamiento del vicealcalde segundo de València, Sergi Campillo. El máximo exponente de la formación de Mónica Oltra (IPV) en la coalición Compromís que cogobierna el ayuntamiento de la capital ha defendido esta semana que Joan Ribó encabece la lista municipal por cuarta vez consecutiva. Este apoyo ha de ser interpretado como que la vicepresidenta y sus más próximos descartan un salto de ésta a la política en la ciudad, opción que se ha barajado en los últimos años para quien por segundo mandato autonómico consecutivo permanece a la sombra del socialista Ximo Puig. Y las encuestas que van saliendo no vaticinan un cambio de liderazgo, por el momento. Se habla ya de la posibilidad de que Oltra encabece la lista de Més Compromís al Congreso de los Diputados cuando haya elecciones generales. Pablo Iglesias ya no está en las Cortes Generales y el liderazgo de la izquierda del PSOE está por definir. Joan Baldoví está deseando regresar a València y muchos de los de su Bloc, deseando que vuelva.

Mientras, en el cap i casal, Ribó se deja querer, se multiplica en actos contra la ampliación del puerto y hasta se muestra conciliador con el València CF y los incumplimientos del club con la ciudad. Es precisamente a ese terreno (de juego) al que ha saltado a hacer ejercicios de calentamiento el presidente de las Corts Valencianes, Enric Morera, un histórico del Bloc Nacionalista Valencià que picaba piedra política y social en los años 80 junto al movimiento vecinal de Benimaclet en marchas y protestas contra el trenet, que se comió más de dos décadas de travesía del desierto en el umbral del 5 % del voto y que parece intuir cercanos los días últimos de su etapa en el legislativo. Morera es hombre de diálogo y puede acercar posturas entre el Valencia y la ciudad de la que toma el nombre en el espinoso asunto del nuevo estadio de Benicalap. Él prefiere construir a destruir y si de ahí sale candidato a alcalde por Més Compromis, pues miel sobre hojuelas. El congreso de los nacionalistas está a la vuelta de la esquina y en él se ventilarán equilibrios y toboganes: el liderazgo de Oltra, el papel de Vicent Marzà, las alianzas locales, autonómicas y estatales y, en suma, la acción política y los protagonistas del futuro a medio plazo de una coalición de peso en la Comunitat Valenciana pero estancada en resultados y encuestas.

El abuso y el madroño

Siete ministros, siete, asistieron ayer a una de las 70 manifestaciones convocadas en España con motivo del Día Internacional de los Trabajadores. Sí, a la de Madrid. Descentralización cero. La matraca electoral de Ayuso y compañía no cesa ni en fin de semana. Afortunadamente, ya quedan solo 48 horas, aunque luego vendrá el postpartido, que amenaza con ser tan tedioso como la previa. Los presidentes de las comunidades autónomas deberían celebrar una cumbre sólo para exigir a los medios de comunicación públicos y privados que den la misma cobertura de entrevistas, debates y noticias varias cuando lleguen las urnas a cada territorio. Puede que los resultados de audiencia den la razón a los gestores de los medios, pero no cabe duda que habrán perdido más. Hay un antes y un después de esta exhibición abusiva de oso y madroño. Las plataformas audiovisuales de pago nunca agradecerán lo suficiente a anarrosas, susanasgrisos y mónicaslopez la inyección extra de socios desesperados que habrán engrosado sus filas. De camino a un Estado organizado en redes, y no en radios, el burro topa contra la pantalla de plasma. ¡Piedad, por favor!

Compartir el artículo

stats