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josefina bueno

Compañeros de vida

Los animales de compañía no son meras cosas, porque son innumerables los beneficios emocionales y físicos que producen cuando entran en nuestras vidas

El pasado 20 de abril se debatió en el Congreso una proposición de ley a propuesta de los partidos de gobierno -PSOE y Podemos- para que los animales dejen de ser considerados cosas u objetos. Se retomaba así una iniciativa que presentó el PP anteriormente, pero que ahora se amplía. Aunque la consideración de los animales como seres vivos aparecía en la normativa europea, se incorpora a nuestro acervo jurídico la condición de animales como seres vivos. Se recoge así una sensibilidad de la sociedad, ya que más de un 40% de hogares españoles tienen animales de compañía. Esta propuesta, que ha tenido un respaldo casi unánime, representa un paso importante para la defensa de los animales y nos mejora como sociedad. Lo que se pretende es que los animales dejen de ser tratados por el Derecho como meros objetos y se les reconozca como seres vivientes dotados de sensibilidad y se tenga en cuenta su protección y bienestar cuando se aplican las normas y se dictan sentencias. Ello implica, por ejemplo, que el propietario debe garantizar su cuidado, asegurando su bienestar, o la nueva regulación de las normas de custodia de mascotas tras un divorcio. Otro tema importante es que se declaran “inembargables” los animales de compañía atendiendo al vínculo afectivo que se establece entre ellos y las personas con las que conviven.

Los animales de compañía no son meras cosas, porque son innumerables los beneficios emocionales y físicos que producen cuando entran en nuestras vidas. Unos mitigan la soledad de las personas que viven solas, mejoran el ánimo de las personas mayores, ayudan en las terapias a personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), otros colaboran con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en el rescate de personas o en situaciones de catástrofes naturales. Pero lo más importante es el afecto que nos dan porque su entrega es absoluta. Desprenden esa empatía espontánea entre quien necesita dar cariño y quien siempre está dispuesto a recibirlo. No es que los animales no sean cosas, es que, incluso hay quien no los reconoce con el término “mascotas”. Un amigo me hacía el otro día el siguiente comentario en mi red social: “Nunca consideré, ni considero a mi Lolica una mascota. Siempre fue mi compañera de vida…” La frase refleja lo que pueden llegar a representar y cuánto se les puede echar de menos en caso de pérdida.

La convivencia con animales y el vínculo tan fuerte que muchas mujeres establecen con ellos ha introducido una nueva circunstancia en contextos de violencia de género. Muchas de las conductas hoy contempladas como violencia de género no eran identificadas como tales. En los últimos años, se ha ido ampliando la consideración de sus diferentes manifestaciones y se ha reconocido, entre otras formas de violencia, la llamada violencia vicaria. Se trata de una forma de violencia psicológica y emocional que se ejerce sobre la víctima. El maltratador busca hacer daño a la víctima mediante los hijos u otras cosas o seres vivos por los que ésta siente apego o cariño. ¿Se puede utilizar el vínculo que la víctima de violencia de género tiene con su animal de compañía para amenazarla, coaccionarla o vengarse de ella? Se puede, porque es una estrategia más que el maltratador utiliza por el vínculo emocional que lo une a la víctima. Sobre ello profesionales han reflexionado esta semana en un Foro que organizó el Senado junto a la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales (APDDA) de la que soy socia, y la Coordinadora de Profesionales por la prevención de abusos (CoPPA).

La violencia coercitiva que se ejerce sobre las mujeres a través de los animales de compañía debería también incluirse como una forma más de violencia hacia las mujeres. Tenemos que profundizar en la complejidad de las violencias sean éstas directas o indirectas. Son infinitas las frases que reflejan el razonamiento más cruel de la violencia de género: a “La maté porque era mía”, se añaden ahora “Mi pareja pega al perro para hacerme daño”, “El perro va a volar por la ventana si no haces tal o cual cosa”, “O estás conmigo y ves a la perra o no la vuelves a ver”. Fue espeluznante escuchar los casos de violencia ejercida sobre los animales para hacer daño a la víctima que relataron –incluido algún titular de prensa- y que me hicieron llegar a la siguiente conclusión: al igual que un maltratador no puede ser un buen padre, un maltratador también debería ser inhabilitado para la tenencia y convivencia con animales. Tenemos que aprovechar el consenso que existe en torno al pacto de Estado contra la violencia de género y en sus diferentes formas. Es necesario, pues, reflexionar acerca del contenido y alcance que podrían tener las propuestas legislativas. Algunas deberían ir encaminadas a incluir a los animales de compañía en las medidas de protección integral de la violencia de género, tener en cuenta la importancia de la presencia de los animales de compañía en los procesos de recuperación de las víctimas de violencia de género o permitir un sistema de acogida sin separarse del animal. Algunas víctimas han confesado quedarse junto a su agresor con tal de no separarse del animal o mantenerlo a salvo. Es evidente que los animales no son cosas y por ello los utilizan para hacer daño. Forman parte de la familia que se compone de todas las personas y seres vivientes que mantienen un vínculo afectivo. Nos queda trabajo en las reformas legislativas, pero también falta concienciación y sensibilización.  

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