Pensará el lector que casi toda realidad tiene sus luces y sus sombras, sus virtudes y defectos. Así ocurre también con la universidad pública, pero ya que estamos a punto de elegir nuevo Rector en la Politécnica -la UPV sigue fiel desde su fundación a la unicidad de género para este cargo…-, bueno será señalar algunos aspectos que necesitan una profunda transformación para mejorar su buen desempeño. He vivido la Politécnica más de tres décadas como profesor e investigador y cinco años más como alumno, de manera que creo que la conozco bien, desde al menos dos perspectivas.

El primer aspecto a mejorar es la calidad de la enseñanza. El cuidado de esa calidad no tiene especialmente que ver con más Tecnologías de la Información, sino que empieza por respetar la figura del profesor, dejando que se centre en lo esencial de su oficio: enseñar, disponer de tiempo para actualizar sus conocimientos y poder investigar, también para enriquecer su docencia. Sin embargo, ya desde la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, se ha ido recortando el tiempo real de que disponemos para transmitir bien los conocimientos y asentarlos, y sobre todo se nos ha ido cargando con tareas de gestión que cada vez nos dispersan más y dificultan nuestra tarea principal. No sé por qué todos defienden la digitalización, cuando desde que ella impregna nuestra vida académica la gestión es más lenta, farragosa e ineficaz. Ya es muy difícil que te reciba una persona física o te cojan el teléfono, para eso están las plataformas digitales que nos exasperan y las contestaciones sin rostro aplazadas a varios días después. Y el recién llegado para empeorar todo esto es el teletrabajo, tan apoyado por los sindicatos. Sí es cierto que nos ha ayudado en la situación excepcional de la covid, pero también es verdad que ha enlentecido más la gestión y bajado la calidad de la enseñanza, donde la presencialidad supone la mejor didáctica posible.

El segundo, la investigación, donde una vez más el 60% del tiempo puede llegar a dedicarse a preparar formularios de proyectos, cronogramas, justificaciones e innumerables tareas administrativas que, curiosamente, también se supone que debe hacerlas el investigador, ya que en muchas ocasiones el ministerio no concede contratos para tal efecto. Tampoco parece que el ministerio -ni la propia universidad- tenga claro que la investigación es un hecho colectivo, y que una formación realista de los jóvenes investigadores debe conllevar la participación activa en todos los aspectos de un grupo organizado, no solo “hacer la tesis”, y una formación realista debe contemplar también la gestión de la investigación, ya que nos lleva más de la mitad del tiempo. Escasa calidad tendrá una universidad que no cuide que el profesorado pueda centrarse en la docencia y que los y las investigadoras seniors tengan verdadera capacidad de gestionar sus equipos, cosa que ahora no ocurre. Tampoco es fácil contratar como profesores a los jóvenes investigadores que hemos formado, pues hay pocas plazas de Contratado Doctor (más caras), y muchas de Asociado (baratas), que no permite una trayectoria previa universitaria, sino profesional.

Por último, dada la brevedad del espacio, convendría plantearnos si una universidad pública como la UPV debe seguir reflejando el modelo neoliberal de atender a las necesidades del mercado, es decir de las empresas, que no necesariamente están al servicio del interés general, o si debería asumir un proyecto más ambicioso y creativo, dada la especificidad de los tiempos que vivimos. Uno mira la web de la UPV y sigue viendo la vieja línea prometeica de traspasar barreras de velocidad y complejidad, arropada siempre de un permanente discurso autolaudatorio. Pero hace poco tiempo, el conocido científico del CSIC Antonio Turiel explicaba en el Senado que no dispondremos de más del 40% de la energía actual para la segunda parte del siglo que vivimos, pues las renovables tienen sus límites, junto a los demás problemas que conlleva la extralimitación en el uso y abuso de los recursos materiales. Ojalá el próximo equipo de gobierno atienda a los grandes retos que debe afrontar una universidad pública en los tiempos de crisis sistémicas que se mantendrán en el futuro.