Hemos llegado al ecuador de una legislatura diferente, extraordinaria y trágica, marcada por la pandemia. Debido a ello, el Consell del Botànic no ha podido poner en marcha muchos de sus proyectos, más allá de la ley del juego y la ley de función pública. Y es de agradecer que no hayan seguido con sus planes legislativos porque, visto lo visto, son muy mejorables y les sobra una buena dosis de sectarismo. 

De haber seguido con su hoja de ruta pre-pandémica, probablemente nos encontraríamos con un avance en los delirios nacionalistas de algunos, o de las ocurrencias populistas y extremistas de otros, dado que el PSPV ha decidido dejarse arrastrar por sus socios, con lo que esto supone en pérdida de libertades y en generar un clima de confrontación y polarización social.

Y aunque el PSPV opte por tener esos socios, las malas relaciones entre Ximo Puig y Mónica Oltra son evidentes. Hemos asistido a espectáculos rocambolescos y, lo que es peor, probablemente alguna decisión durante la crisis sanitaria se ha tomado por presiones de Compromís y en el marco de sus disputas y sus cuitas. Pero aun así se necesitan. Juntos son expertos en pasar el rodillo, en desestimar por norma cualquier iniciativa que venga de la oposición o en tumbar cualquier comisión de investigación.

Por otro lado, tenemos la gestión de la pandemia, que nos ha ocupado más de la mitad de lo que llevamos de legislatura. En Ciudadanos no tenemos ningún problema en reconocer que hay cosas que se han hecho bien, dadas las circunstancias. El virus no venía con libro de instrucciones y la situación ha sido muy compleja. 

Pero ha existido una absoluta falta de previsión y de planificación del tripartito. No se han hecho suficientes test, ni se han elaborado planes ante los diferentes escenarios posibles. No se ha usado la tecnología, que tan útil ha demostrado ser en otros países. No se ha escuchado a los sectores más afectados. Se ha criminalizado a la hostelería y especialmente al ocio nocturno, abandonado a su suerte desde hace trece meses. Se ha producido un cierre encubierto en determinados comercios. Tampoco se les ha compensado suficientemente y las ayudas llegan, si llegan, muy tarde.

Por tanto, sobra improvisación y falta planificación y gestión. Sobra propaganda y falta reivindicación. Porque la reivindicación descafeinada de un sumiso Ximo Puig ante su jefe en Madrid, tanto de la reforma del sistema de financiación como, más recientemente, del número de dosis de vacunas que nos corresponden por población, está pasando factura a todos los valencianos. 

¿Y saben cómo tampoco se defienden los intereses de los ciudadanos? Levantándose de las mesas donde se debate, se dialoga y se confrontan ideas, como ha hecho el PSPV dejándose arrastrar por sus socios. 

Mientras tanto, en Ciudadanos en Les Corts estamos muy orgullosos de haber sido los propulsores de la Comisión por la Reconstrucción y de haber participado en la negociación de los últimos presupuestos, incorporando enmiendas que mejoran la sanidad, la asistencia social y los sectores productivos. 

Hemos sido el grupo que más iniciativas ha presentado el último año, con diferencia. Nos reunimos continuamente con sectores, asociaciones y colectivos. Presentamos buenas propuestas que, lamentablemente, se dan de bruces con unos partidos del Botànic herméticos a aceptar iniciativas, simplemente por venir de la oposición.

Pero ahí es donde vamos a estar, eso es lo que vamos a seguir haciendo esta segunda parte de legislatura: ser la voz de la calle, ser la oposición crítica, pero constructiva y ser los representantes de la política útil.