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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

Elogio del temor

Preocupación ante la tercera ola del coronavirus en la Comunitat Valenciana.

Se habla mucho del modelo Madrid, con gran aceptación electoral. Menos conocido es el modelo Valencia: más prudencia y cero muertes en los últimos siete días». Suele pasar. La realidad se ve mejor con perspectiva. Desde cerca parece que caes en la adulación gratuita y en el rencor al vecino egoísta de siempre. Ha tenido que ser el periodista de La Stampa experto en España el que señale la realidad que no se suele subrayar. Si quitamos la referencia final a las cero muertes en los últimos siete días (la gestión de las cifras, manifiestamente mejorable, es para un ensayo), el mensaje de Francesco Olivo es una lección para los que vemos la realidad desde cerca. La pregunta que haría a los dirigentes valencianos del PP que defienden el discurso de Isabel Díaz Ayuso y su «ola de libertad» es si cambiarían las restricciones en la Comunitat Valenciana de los últimos meses por una mortalidad de 243 decesos por cada 100.000 habitantes en lugar de una de 147. El primer dato es el de Madrid y el segundo, el de la C. Valenciana, según los datos oficiales hasta el 22 de abril. Esa diferencia de 96 fallecimientos por cada cien mil personas se traduce en que habría 4.800 muertes más por covid en la C. Valenciana a día de hoy (llevamos casi 7.400). Posiblemente todos estaríamos poniendo el grito en el cielo por la gestión desarrollada con una cifra así, empezando por los líderes de la oposición (cuando los haya).

Los datos emocionan menos que las cervezas, pero asustan cuando los ves fríos delante. Después de tanta cifra, parece que hemos decidido mirar a otra parte y pensar que esto se ha acabado. Se está acabando (quiero pensar), pero no ha acabado. 4.800 muertos frente al ansia de libertad mal entendida. Que cada uno haga examen de conciencia. No creo que haya sido sencillo elegir caminos en este tiempo de arenas movedizas (ni para Ayuso, ni para Ximo Puig o Pedro Sánchez) ni que se pueda caer en la demonización de Madrid, pero que el modelo a la madrileña vaya a quedar como el certero y triunfador me parece un peligro para lo que pueda venir.

No sé si el olvido de esa dura, fría y matemática realidad es la que ha llevado a los desmadres nocturnos del último fin de semana en Madrid y Cataluña. ¿Por qué aquí no? Llevo varios días con la pregunta rondando. ¿Solo porque aquí sí funcionaba el toque de queda? La única lógica que encuentro es la proximidad del desastre. Madrid o Cataluña sufrieron los peores estragos en la primera ola, hace ya más de un año, mientras que la C. Valenciana lo ha pasado peor en las primeras semanas de este año, en la tercera ola. Quiero pensar que eso influye a que el discurso de la prudencia cale con más facilidad. Las redes sociales de la Generalitat han recibido en los últimos días centenares de mensajes de personas que piden restricciones más severas y lamentan el fin del cierre perimetral. La cercanía del duelo favorece el miedo. Nos ha pasado también que hemos escondido las imágenes de la tragedia en la primera ola. Al final, una vez más, es mejor no ser noticia, porque esta siempre será el desmadre, el alboroto y la chulería. La prudencia, la cobardía y el miedo no lo son, aunque sean mejores sentimientos para vivir con un cierto grado de lucidez. Ahora y siempre. El valor, solo para las ocasiones.

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