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Martín

No es el alcohol ni la droga, es el machismo

No olvidemos nunca quién es el agresor y quién es la víctima, que no comparte la culpa con el asesino por vivir con él

No es la droga. No es el alcohol. No son los problemas económicos. No es una crisis de pareja. No es por una discusión. No es que esté en paro, ni siquiera que lleve años sin encontrar un empleo. No son los celos. No es que la comida estaba fría o muy caliente. Es el machismo: eso es lo que mueve a un hombre que mata a una mujer porque la considera suya o de nadie; mucho menos de ella misma. El machismo es el hilo conductor de los asesinatos de sa Pobla, Tarragona y Corbera. Tres mujeres y un niño de siete años asesinados por tres hombres en dos días. Hombres que imponen el control y el sometimiento, la tortura diaria, a las mujeres que han tenido la desgracia de toparse en su camino. No las culpabilicemos a ellas por seguir junto al maltratador, por volver con él. No olvidemos nunca quién es el agresor y quién es la víctima, que no comparte la culpa con el asesino por vivir con él. Nos deberíamos preguntar si ellas tuvieron el apoyo y los recursos necesarios cuando en una situación límite se armaron de valor para denunciar a su pareja, a menudo padre de sus hijos y con quien convivían; si tuvieron el acompañamiento adecuado, asistencia psicológica, ayuda económica, un lugar donde vivir lejos de ese hogar de pesadilla, protección eficaz frente a su verdugo. Si alguien las escuchó, si vieron alguna posibilidad real de escapar de su torturador, porque la impunidad les envalentona a ellos mientras a ellas las hunde aún más en la desesperanza. Estas son las claves en las que debemos buscar las razones. No en el alcohol o las drogas.

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