En un mundo tan globalizado como el actual, hemos asumido que no nos podemos oponer a los acuerdos, pero sí al menos debemos reclamar -y el Gobierno español apoyar- que haya estudios de impacto de los mismos sobre la economía y, en este caso, sobre la agraria. No se puede firmar porque sí cuando no existen estudios profundos ni rigurosos de impacto sobre los efectos que causaría en nuestro sector agrario. Los que hay son poco concretos, no analizan por ejemplo el cultivo de los cítricos, ni tampoco tienen en cuenta la incidencia por países comunitarios. Contrasta la actitud española con la del Gobierno francés, quien en un estudio propio alertaba sobre los efectos negativos para algunos sectores agrícolas de su país. Por ejemplo, la Organización Mundial de los Cítricos ha avanzado que la cosecha citrícola del hemisferio sur para este año aumentará un 3%, cuando no existen todavía protocolos seguros a pesar del aumento del tráfico de mercancías y se sigue sin exigir los mismos estándares de producción, como venimos denunciando hace tiempo. No todo son productos y alimentos en esos acuerdos, es también la manera de producirlos, utilizando además muchas sustancias activas que están prohibidas en Europa. Mientras que la UE es cada vez más estricta en temas ambientales y emisiones, en uso de fitosanitarios, antibióticos, medidas de bienestar animal o condiciones de trabajo, tal y como se propone en la estrategia de la granja a la mesa, por el otro lado, se quieren firmar acuerdos como el de Mercosur sin exigencias equivalentes a los productores de ese ámbito geográfico. Las autoridades comunitarias deberían exigir que no hay acuerdo si el respeto al principio de reciprocidad en las condiciones sociales y ambientales no queda plenamente garantizado. Y también tenemos el tema de las plagas. Habría que aumentar el control en la entrada de mercancías que puedan contener plagas, como es el caso de la mancha negra o el cancro en los cítricos provenientes de esos países en general y en particular de Argentina cuya importación se suspendió temporalmente y se ha retomado ya este pasado 1 de mayo. Insistimos en que las prisas son malas consejeras y luego nos lamentamos de lo que firmamos. ¿O acaso ya nadie recuerda de lo que ocurrió con el acuerdo con Sudáfrica que ahora pagamos con creces?