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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

Esa idea de España

El concepto de España que valió en la transición tiene problemas en este siglo XXI, pero cada día se suman hechos (más vulgares) que hacen visible la situación

El seleccionador Luis Enrique, al anunciar los jugadores que disputarán la Eurocopa, sin nadie del Real Madrid.

El seleccionador Luis Enrique, al anunciar los jugadores que disputarán la Eurocopa, sin nadie del Real Madrid. RFEF

Estamos en un momento de tensión de la idea de España. No es el descubrimiento de la penicilina. Después del procés, y a pesar de todas sus hipérboles, fue evidente que el concepto de España que valió en la transición tiene problemas en este siglo XXI, pero cada día se suman hechos (más vulgares) que hacen visible la situación. España es ese país que cuando un partido (Podemos) traslada a la periferia uno de los actos que tradicionalmente se hubieran celebrado en Madrid (la presentación de la candidata oficial) lo ignora mediáticamente. No es la noticia del año, cierto, pero a uno le queda la convicción de que el acto hubiera obtenido mayor repercusión en los medios de alcance estatal de haberse celebrado en la capital. Indica que el lugar importa en la selección de la agenda informativa: solo basta recordar lo sucedido con la última nevada en las avenidas madrileñas.

Es la misma España donde cada autonomía gestiona según su proceder la pandemia pero luego las consecuencias son compartidas. A la Comunitat Valenciana le vale de poco tener la incidencia de contagios más baja de Europa porque luego la mayoría de países toma decisiones sobre España como un todo. Es la herencia (iba a decir lastre, pero la realidad no pesa, es la que es y hay que afrontarla) de la Europa de los estados nación. La Europa de las regiones queda resultona en los discursos, pero es ornamento y poco más. Ni siquiera el Comité de las Regiones es un órgano vinculante. Sus informes valen poco frente a la Comisión o el Consejo. Cuenta la Europa de los estados. Es el mensaje no verbalizado que vino a transmitir esta semana el embajador de Gran Bretaña al presidente valenciano, Ximo Puig. Que muy buenos los datos valencianos, pero que el Reino Unido no hace distinciones territoriales. Esta posición perjudica en este momento a zonas como la valenciana, ya que Boris Johnson mantiene a España en el purgatorio, lo que implica trabas para los desplazamientos: diez días de aislamiento y dos test PCR al regreso pagados por los viajeros. Una herramienta disuasoria y que evidencia que lo que se hace en Madrid o País Vasco influye en la C. Valenciana o Andalucía y que refleja el choque de una realidad autonómica con la Europa de las naciones.

Y un tercer hecho, que puede parecer frívolo, pero algo dice: la España del fútbol tiene intención de presentarse en la Eurocopa sin representantes del Real Madrid en una decisión sin precedentes y con un equipo de Manchester como principal proveedor de materia prima futbolística. Es un gesto cotidiano, sin más, pero dice algo de la realidad cada vez más europea y ultraespañola.

Afirmaba el historiador Álvarez Junco hace unos días (El País) que la izquierda española necesita un discurso claramente anclado en la democracia parlamentaria y el libre mercado para representar sin miedo hoy la idea de progreso. Y decía que necesita también un avance federal para neutralizar tensiones. Es así, pero es necesario además una vuelta de tuerca a la decorativa Europa de las regiones, porque, como muestran los fondos de reconstrucción, el partido se juega menos en los estados nación, aunque estos ejerzan un papel mediador que, si no evoluciona, no tardará en ser visto como un obstáculo para el progreso económico. A pesar de los temores que pueda representar Cataluña. Una idea de España y Europa en plural es una solución más inteligente que la represión ante pulsiones populistas y unilateralistas.

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