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Elizabeth López Caballero

el lápiz de la luna

Elizabeth López

Héroes sin mascarillas

Uno de los grandes problemas de los políticos es que no saben qué se cuece en las calles más allá de sus cómodos despachos

Se ha hecho viral un comentario de la ministra Isabel Celaá donde decía que no se planteaba prescindir del uso de las mascarillas en los colegios porque los niños se sentían como héroes al llevarlas. Las redes se llenaron de comentarios en contra de la ministra de Educación y de su desafortunada observación. Uno de los grandes problemas de los políticos es que no saben qué se cuece en las calles, en los colegios, en la vida en general más allá de sus cómodos despachos, desde donde toman decisiones, muchas de las veces, absurdas. Quizá deberían hacer más trabajo de campo, codearse con los que están a pie de obra, dándolo todo para sacar, verdaderamente, la sociedad adelante.

Desde que se inició el curso, los niños aceptaron llevar la mascarilla, a pesar de que se daban cuenta de que no se entendían entre ellos ni con el profesor y, que en muchas ocasiones, no se les escuchaba. Entonces tenían que gritar y si gritaban se les llamaba la atención y aun así lo asumieron. Igual que asumieron usar el gel hidroalcohólico constantemente, no compartir material con sus compañeros, jugar a distancia con ellos e incluso no relacionarse con alumnos de otros cursos en el recreo porque no forman parte de su grupo burbuja. También aceptaron dejar de desayunar en el patio para hacerlo en clase, sentados en sus pupitres y sin mediar palabra, porque sin la mascarilla no se puede hablar. Han aguantado el frío y el viento del aula porque puertas y ventanas deben estar abiertas y no rechistan cuando dicen «profeeee, ¿podemos cerrar una ventana, es que hace muuucho frío» y el profe responde «no, fulanito, sabes que no podemos» y se acaba la conversación.

Claro que son héroes. Pero lo son por ser capaces de adaptarse a unas medidas muy grandes para seres tan pequeños. Son héroes porque cumplen a rajatabla el protocolo para cuidar de sus amiguitos. Son héroes con o sin mascarilla. Si quizá la ministra entrase a una clase y les preguntara a ellos que si les gustaría seguir llevando la mascarilla, en lugar de dar por hecha la respuesta, los niños le contestaría que no. Que quieren volver a verle la sonrisa a su compañero y contar cuántos dientes se les ha caído a cada uno y lucir los huecos de sus encías con orgullo porque esos huecos significan que se hacen mayores y que, además, viene el ratoncito Pérez. Quieren que se les entienda cuando hablan y entender a los demás. El acto heroico no está en llevar la mascarilla, sino en aceptar sin queja alguna todo aquello a lo que renuncian por llevarla. A lo mejor se podría invitar a la ministra a estar media hora corriendo, jugando y gritando al sol con la boca tapada a ver si ella le ve ese encanto que sé, de primera mano, que los enanos no le ven.

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