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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Monolitismo

Monolito que tienen 
enfrentados a los socios de 
gobierno.  g.caballero

Con un «Xe, María José!» de una disculpa que se ha quedado corta hacia la portavoz del PP en el ayuntamiento cierra el alcalde de València, Joan Ribó, una semana horribilis para él y para su formación, la coalición Compromís, en la que ha acumulado varios reveses a los que no está en absoluto acostumbrado. La rectificación, pública y privada, que la primera autoridad municipal se ha visto obligado a formular después de afear a la embarazadísima María José Catalá que se ausentara del pleno municipal durante un rato y añadir de forma maliciosa que pensaba que se habría ido a Torrent, no ha sido el único sapo tragado por el inquilino del salón Pompeyano de la Casa Consistorial.

Después de empecinarse personalmente en destinar los 32 millones de euros de remanentes de tesorería de 2019 en el saneamiento de las ya saneadas arcas municipales dedicando esos sobrantes a rebajar deuda con los bancos en vez de destinarlos a ayudas a los damnificados por la crisis del coronavirus, Ribó ha accedido ahora a reinvertir en reactivación económica los 57 millones de los remanentes de 2020. De este modo, el alcalde ha evitado lo que habría sido una nueva crisis con sus socios, los socialistas dirigidos por Sandra Gómez, quienes ya votaron en octubre pasado en contra de dar a los bancos el dinero que se necesitaba para luchar contra la crisis económica y social provocada por la pandemia. Y eso que también ahora el interventor general del ayuntamiento, Ramón Brull, había vuelto a poner en bandeja de plata al primer edil el envío de fondos a rebajar la deuda, con un nuevo informe en el que insiste en poner en duda la eficacia de los acuerdos del Gobierno y del Congreso de los Diputados que eliminaron en otoño pasado, por la excepcionalidad de la pandemia, las trabas para disponer del dinero no gastado por los municipios.

Pese a que el vicealcalde Sergi Campillo y el concejal de Hacienda, Borja Sanjuán, se esforzaban este viernes en subrayar la solidez del pacto del Rialto entre Compromís y el PSPV-PSOE, la desconfianza entre los socios es grande y va en aumento. Tres veces han votado ya en sentido contrario, dos de ellas en la junta de gobierno y una, esta semana, en el pleno, para deleite de la oposición conservadora que está a solo un concejal de recuperar la Alcaldía. El destino de los remanentes de tesorería de 2019 les llevó a votar por separado en la junta de gobierno en octubre. No era la primera vez. Compromís ya había utilizado su mayoría en este órgano ejecutivo para expulsar a Sandra Gómez del consejo rector de la Marina de València cuando ella estaba de luna de miel y sustituírla por Carlos Galiana, de la formación naranja.

El peor desencuentro estaba por llegar, y se daba en el pleno municipal del jueves. Los socialistas acudieron al hemiciclo con una moción que pedía la retirada del monolito instalado por el alcalde y su grupo ante la Casa Consistorial para homenajear al 15-M con motivo del décimo aniversario de aquel movimiento, aunque hubieron de añadir otros movimientos sociales en el texto en vista de que la polémica iba en aumento. Los concejales de Ciudadanos se sumaron al veto y la abstención del PP dejó a Compromís en minoría. Adiós al monolito, que habrá de ser sustituido por una escultura surgida de un concurso de ideas en el que ojalá intervenga la Capitalidad Mundial del Diseño que València ostentará en 2022, porque como hito urbano el dichoso cachivache es un espanto, aunque sintoniza con los maceteros de hormigón verdoso y otros artefactos dispersos por la plaza principal de la ciudad.

Ya tenían ganas los socialistas capitalinos de ganar algún pulso a los socios naranjas. El ambiente llegaba caldeado al pleno por la resistencia de estos últimos a dedicar una calle de la capital al que fue presidente del consejo de ministros de la Segunda República, Francisco Largo Caballero, una petición expresa de la UGT que el sindicato esperaba ver atendida durante el reciente congreso confederal que reeligió en València a Pepe Álvarez como secretario general. Y el monolito apareció como la ocasión ideal para darle una patada en la espinilla al socio mayoritario, el que había promovido en solitario el homenaje al décimo aniversario de aquel 15-M que rompió el bipartidismo imperante y supuso el punto de partida de la llamada «primavera valenciana» de la que despegó Compromís. Hay mucho de autohomenaje en ese hito negro de marco amarillo. Y PSOE y PP, con la colaboración de Ciudadanos, han decidido que no cuela. La plaza es uno de los espacios más representativos de la capital, y el consenso ha de inspirar su diseño y sus elementos si se quiere que ambos perduren.

A modo de paréntesis, lo del callejero de València tendrá que ser objeto un día de una revisión profunda, ahora que apenas se usan el correo postal o las tarjetas de visita y que se ha rebajado considerablemente la factura de un cambio de nombre para los residentes. El rey que instituyó el Reino de Valencia en el siglo XIII da nombre a una minúscula calle en medio del barrio de Velluters. Similar trato reciben el universal Luis Vives, Manuel Azaña (jefe de Estado que convirtió València en capital de España en 1936) o los catedráticos víctimas de ETA Manuel Broseta y Francisco Tomás y Valiente. Mientras, personajes absolutamente coyunturales a quienes la historia ya ha olvidado figuran en placas de importantes avenidas y grandes bulevares.

Cerrado el apunte del callejero, dos reveses más esperaban al alcalde en la semana del ecuador de su segundo mandato. La Comisión de Peticiones de la Unión Europea y el organismo Puertos del Estado han avalado con distintos pronunciamientos la ampliación Norte del puerto de Valencia, con la que Compromís se muestra tan beligerante, días después de que la ministra de Transición ecológica, Teresa Ribera, hiciera lo propio.

Y en Benimaclet, donde la coalición que encabeza Ribó ha pagado vallas de campaña de partido en favor de su plan de adosados y en contra de las 1.300 viviendas y equipamientos que Metrovacesa tiene reconocidos en los planes urbanísticos la compañía ha anunciado que vallará los terrenos que se cedieron en precario para huertos urbanos mientras no se necesitara el suelo para edificar. En breve, quien quiera huertos podrá cruzar la Ronda Norte y disfrutar de la azada en la huerta original, la protegida, en la que faltan manos.

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