China ha despedido estos días, con honores reservados solo a las personas más grandes, a Yuan Longping (1930-2021). Puede que en Occidente su nombre no nos suene demasiado pero en su país se le venera como a un héroe. Este científico e investigador agrónomo nacido en Changsha, capital de la provincia de Hunan, ha pasado a la historia como el padre del arroz híbrido. Fue hace casi medio siglo, en 1973 y en la meridional isla de Hainan, cuando el hasta ahora conocido como “abuelo Yuan” logró el cruce de un tipo de arroz silvestre con otros dos de su misma especie para conseguir aumentar la resistencia y la cantidad de cereal a cosechar. Era la primera cepa híbrida de alto rendimiento y tuvo un éxito inmenso y una repercusión planetaria. Nunca hasta entonces un hallazgo científico logró una mayor y real aplicación práctica para la mejora de la alimentación humana.

Para que se hagan una idea de la importancia del hito, el arroz del señor Yuan sirvió para alimentar a unos 80 millones de personas más al año en China, durante la difícil década de los años 70 del pasado siglo. Es decir, en términos de porcentaje, consiguió que la producción se quintuplicara en poco más de 20 años. Un desarrollo que ha hecho posible la hazaña de que China alimente a casi una quinta parte de la población mundial con menos del 9% de la tierra cultivable del planeta. La vida del ilustre agrónomo se dedicó por completo a llenar de arroz los cuencos de centenares de millones de compatriotas, lo que lo convirtió en un héroe nacional. En 2019 recibió la más alta condecoración oficial, la Medalla de la República Popular China.

Yuan dedicó más de cinco décadas a investigar y mejorar el arroz híbrido, que ya va por su tercera generación. Y es por ello que, en China, han sido innumerables las muestras de respeto y devoción hacia este científico donde no hay nadie que no sepa quién es Yuan Longping. Los crisantemos, la flor fúnebre por excelencia y que simboliza también en este país la sabiduría, se agotaron en pocas horas en su ciudad natal. Y los taxistas no cobraron a quienes quisieron ir a darle el último adiós a su capilla ardiente. Los atascos se multiplicaron y la mayoría de la gente, vestida de luto, dejó sus trabajos durante unas horas para rendirle un último homenaje.

Un recuerdo al que el Instituto Confucio de la Universitat de València se suma. El próximo lunes inauguramos, en la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació, una exposición fotográfica de nuestro reciente concurso que dedicamos, precisamente, a uno de los platos chinos más famosos en Occidente: el arroz frito tres delicias. La muestra de imágenes, cuyos premios entregamos recientemente, la hemos querido dedicar a una persona que puso todo su empeño vital en ofrecer lo mejor de sí mismo en beneficio de la comunidad. Sirvan estas líneas para testimoniar nuestro reconocimiento por la semilla que plantó el señor Yuan para la seguridad alimentaria mundial. Y tomo prestadas unas palabras suyas, como colofón, cuando advirtió que “todos somos como una semilla: debemos tratar de crecer para convertirnos en buenas personas”.