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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

Por si acaso

Sería aconsejable a políticos y pensadores el ejercicio de ponerse en el lugar del otro sobre el que hablan o legislan antes de emitir sus criterios

euroco

He dejado de leer a Millás. Dos semanas llevo de terapia automedicada sin sus artículos. Paso veloz su página del periódico para evitar tentaciones. Es por salud (senti)mental. Cuento los días para volver a tener fuerzas. El último fue uno que hablaba de un señor mayor (inviable decir anciano) que se le acercaba en el mercado y le pedía que le leyera la lista de la compra que le había hecho su mujer. El papel no enumeraba carnes ni pescados, sino que era un mensaje de despedida de la señora (otra palabra que me da que debería eliminar). Millás, o el narrador del artículo de Millás, prefería mantener la ficción y no ser quien trasladara la mala noticia al buen hombre. Así que acompañaba a éste de puesto en puesto inventando una compra que casi siempre sorprendía a la víctima, que quizá algo se olía, pero prefería también no saber. Por si acaso.

Los tiempos cambian y ahora en casa manejo para la lista de la compra una aplicación en el móvil compartida, de modo que lo que todos anotamos allí aparece por arte de magia. Hace quince días que no la reviso, temeroso de encontrar un mensaje de despedida. Por si acaso. Porque la realidad suele estar delante, pero no se sabe por qué (o sí, a veces, sí) nos cuesta verla. Nos ha pasado con todo este revuelo del fútbol y la pandemia. Parecía que ya era pasado (el virus) y Sergio Busquets (sin quererlo) nos demuestra que no, que la selección española puede quedar diezmada e incluso su participación en la Eurocopa puede estar en el aire si el positivo del centrocampista deriva en brote colectivo. Sería impensable, pero es aleccionador ahora que caen restricciones y se multiplican celebraciones festivas. El pasado reciente nos ha enseñado que es mejor ser prudentes, aunque la vacunación haya extinguido casi las muertes por covid en esta parte del planeta. Por si acaso. Y por solidaridad con los países donde la inmunización va más lenta.

Prudencia y solidaridad no le han sobrado a Sergio del Molino ni a todos los que ya lo han demonizado, a él y a su libro. No he leído (aún) Contra la España vacía, el último ensayo del inventor de La España vacía, pero algunas de las cosas que he leído que ha dicho en entrevistas difundidas por él me disgustan. Decir que en la C. Valenciana se ha creado un problema lingüístico que no existía antes denota que habla desde la superioridad del usuario del español al que poco importa (e importaba) si el valenciano que debía oír en las calles existía en las escuelas o en los documentos oficiales. El problema que pudieran tener estos prefiere no observarlo y centrarse en su experiencia (mala) en Tavernes de la Valldigna, en los años 80, cuando se empezó a «valencianizar» la escuela y esta se convirtió en «campo de batalla político». De esto último y de que él y su familia, según relata hoy, años después, se sintieran como «el extranjero», «el otro», creo que no hay que hacer escarnio, sino preocuparse y atender a esa mirada para evitar las exclusiones, las exageraciones y los dogmatismos. Y para no caer en los mismos errores. Por si acaso, sería aconsejable a políticos y pensadores el ejercicio de ponerse en el lugar del otro sobre el que hablan o legislan antes de emitir sus criterios. Como Millás, háganle la compra y no le revelen que lo han abandonado. Por si acaso les pasa a ustedes también. Por si acaso vayan a contribuir a alimentar la lengua como espacio de batalla política.

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