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Instituto Francés, la francofonía según Macron

Para Macron, la francofonía es básicamente un instrumento al servicio de las grandes corporaciones francesas

El cierre del Instituto Francés de València (IFV) empieza a ser un asunto que transciende nuestro estricto ámbito geográfico. Además de la prensa española, periódicos como Le Figaro o Le Canard enchaîné, revistas como Télérama, emisoras como France Info, así como numerosos medios digitales franceses se han hecho eco de este vergonzoso conflicto. Senadores de ambos lados del hemiciclo, como Jean-Yves Leconte (Partido Socialista) y Ronan Le Gleut (Los Republicanos), han pedido explicaciones al ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian.

La Embajada francesa en España no ha tenido más remedio que reaccionar. El jueves de la pasada semana, llegaba un penoso mensaje a los medios de comunicación en el que se afirmaba: «El Institut Français de Valencia se va a concentrar en sus misiones prioritarias, de cooperación educativa, cultural y universitaria, y de organización de certificaciones de francés (DELF, DALF, TCF, etc…). Sin embargo, no seguirá ofreciendo clases de francés». En contra de los usos y costumbres de una comunicación veraz, el texto era anónimo. No se sabía quién hablaba ¿el Instituto Francés de València? ¿el Instituto Francés de España ¿la Embajada? La redacción impersonal remitía a un ente abstracto, un tanto absoluto y genérico, ¿tal vez el Estado? Fn cualquier caso, un Estado vergonzante que no se atrevía a decir qué cargo, qué representante, qué institución emitía el etéreo juicio asegurando, en nombre de no se sabe quién, la continuidad del instituto. Sin embargo, la dirección de correo electrónica del remitente no dejaba lugar a dudas: comunicacion@iiffee.es , la sede madrileña del IF. Lo que demuestra que, en contra de lo que afirma el comunicado, la sede valenciana está si no muerta, en coma inducido. Como ha señalado Paco Álvarez en Mediapart, el comunicado es un insulto a la inteligencia y una vergüenza para Francia. Sin cursos ni actividades culturales y sociales ¿qué va a quedar de los 133 años de historia del IFV?

En octubre de 2018, el presidente Emmanuel Macron pronunció un discurso en la última cumbre de la Organización internacional de la Francofonía (OIF) celebrada en Erevan, la capital de Armenia, dirigido a 40 jefes de Estado y de Gobierno y a 84 representantes de la OIF. A pesar de que, según la crónica de Le Monde, fue un discurso de tonos líricos, no carecía de interés político y geoestratégico. Por un lado, en nombre de los derechos humanos, venía a cuestionar la adhesión a la organización de Arabia Saudí, que finalmente retiró su solicitud. Por otro lado, daba su apoyo a la Secretaría General de la OIF a Louise Mushikiwabo, ministra de Asuntos Exteriores de Ruanda, un país que figura en el puesto 156 (de 180) en la clasificación de la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH). Para el rotativo francés, el impulso del Elíseo a la candidatura de Louise Mushikiwabo era «una jugada de póker» de Macron. La reciente visita de Macron a la capital ruandesa, el pasado 27 de mayo, y el reconocimiento de las responsabilidades francesas en el genocidio de 1994 en el que murieron 800.000 personas, pone de manifiesto que la timba es de largo recorrido y que son muchos los intereses geoestratégicos en juego. África se ha convertido en un gran tablero en el que las grandes superpotencias rivalizan por el control de sus materias primas. Estados Unidos está realizando estos días las mayores maniobras militares en la historia reciente de África. China lleva años haciendo grandes inversiones en infraestructuras, con el consiguiente endeudamiento de muchos países africanos. A Emmanuel Macron le queda el poder blando de la lengua y la cultura francesa. Para él la francofonía es básicamente un instrumento al servicio de las grandes corporaciones francesas.

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