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Juan José Millás.

TIERRA DE NADIE

Juanjo Millás

Que levante la mano

La cultura y la contracultura se necesitan mutuamente, del mismo modo que la tradición y la vanguardia. La vanguardia es la tradición preñada de la subjetividad del usuario. Avanzamos así: añadiendo a las ruedas un motor para convertir la carreta en automóvil. ¡Pobre de la cultura que no disponga de una contracultura! Se secará irremediablemente, desaparecerá, devendrá en una lengua muerta. Pero pobre también de la contracultura que no se enfrente a una tradición. Se limitará a dar puñetazos al aire. He conocido, en algunos talleres literarios, alumnos que no leían «para no dejarse influir». La expresión daría risa si no resultara tan dramática. Que alguien, a estas alturas, pretenda partir de cero e inventar la literatura (o la química orgánica, da igual) resulta patético.

Para alcanzar la originalidad, conviene copiar. Los chinos empezaron falsificando los bolsos de Loewe y ahora fabrican bolsos con diseño propio. Cuando uno logra imitar a un maestro hasta el punto de que resulta imposible distinguir el original de la copia, tarde o temprano da el salto a la singularidad. De ahí que el plagio goce de buena consideración cuando va acompañado de asesinato. Los japoneses no sabían nada de coches cuando decidieron fabricarlos, no estaban en su cultura industrial, pero a base de copiar y copiar se inventaron la Toyota. Si usted quiere escribir, empiece haciendo caligrafía. Si logra convertirse en un virtuoso (o virtuosa, limitaciones del genérico), tarde o temprano se manifestará como por magia la sintaxis.

Me pregunto a veces si existe, en el mundo de las nuevas tecnologías, una contracultura capaz de modificar la cultura en vigor. De momento, sabemos que los algoritmos no hacen otra cosa que reproducir, aumentados, los sesgos económicos de la ideología dominante. Empeoran un mundo bastante defectuoso de por sí. Cuando un algoritmo le niega a usted una beca o un préstamo hipotecario, lo hace con los criterios del capitalismo exagerado preexistente. ¿Hay por ahí algún programador que empiece a oponerse a esa tradición para alcanzar una voz original? De ser así, que levante la mano. 

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