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Alfons Garcia

A VUELAPLUMA

Alfons Garcia

Restos de un naufragio

El de Emmanuel Carrère es uno de esos premios Princesa de Asturias gozosos, porque es autor con lectores, de trayectoria ganada a pulso. El adversario es un pilar de la biblioteca para entender el siglo XX. Carrère volvió a publicar hace unos meses. Yoga es la última demostración de que un gran escritor no produce siempre grandes libros. Aún así, no hay mal libro sin una frase para recordar. «Tengo una convicción relativa a la literatura: es el lugar donde no se miente». Así es. Pero la verdad por sí sola no es literatura.

Carlos Mazón inventa un acto en Alicante hermano del de la plaza de Colón de Madrid. Los suyos lo dejan casi solo el domingo de autos. Mazón pincha en su primera llamada a las masas, pero se beneficia de que casi nadie mira a las esquinas. La periferia tiene sus ventajas. Pablo Casado lo premia incluso con la convención nacional en València, que ayudará a dar visibilidad al gran desconocido fuera de Alicante. La ventaja en política de ser ‘uno de los nuestros’. Los cronistas dirán luego que tenía la fortuna de caer siempre de pie.

¿Es deformación mía o en los últimos repasos a la trayectoria de Berlanga se ha pasado de puntillas por una de sus últimas películas, Moros y cristianos? Es la última con Rafael Azcona, dato que vale por sí solo para tenerla en cuenta. Es de 1987, cuando el provocador Berlanga defendía el cine de Ozores. No es su mejor obra, pero persiste la voluntad de una mirada crítica y cáustica sobre el presente ibérico. Solo que no es ya la realidad del franquismo, sino de la España del felipismo, un proyecto de modernidad sumido en un exceso de complacencia. La película habla entre risas de la pérdida de identidad, de su abandono por un envoltorio comercial. El olvido de aquella película es otra demostración de lo mal que lleva la crítica la izquierda cultural y social. Sobre todo cuando parte de ‘uno de los nuestros’.

Cuando importa tanto o más la construcción de un relato grandioso que la identidad se acaricia el ridículo. Pasa cuando se anticipan gestas que quedan después en un paseo entre pasillos de menos de un minuto. El relato que perpetúa la escena de Sánchez y Biden es el de un país siempre mendigando el cariño de los poderosos, como el niño que estira del pantalón a la madre (o al padre) para que le hagan caso cuando estos están en cosas importantes de verdad. Vender humo es mucho peor que no vender nada. Debería ser la primera regla del manual para gurús de la comunicación política.

La pluralidad política va a ser más sostenida de lo que algunos nostálgicos del bipartidismo querrían. El pluripartidismo es la forma con que el sistema se ha adaptado a la revolución de los indignados, aquellas movilizaciones joviales que algunos miraban como un circo exótico. A pesar de dos crisis grandes en poco más de una década, el sistema no ha aguantado mal: gana a los antisistema, como era de esperar.

Un pecio es un pedazo de una nave naufragada. Eso dice la RAE. A Rafael Sánchez Ferlosio le gustaba hurgar en las entrañas de la vida a pecios. A cachos. Porque no hay todo sin partes. Cada cierto tiempo necesito el refugio de sus naufragios. La imitación me ha parecido una buena manera de recordarlo.

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