Parece que se van a reunir en una mesa negociadora miembros del Gobierno central con miembros del Govern catalán. Si no fuera por la dinámica en que se ha instalado el Gobierno en relación con los independentistas catalanes, el anuncio de una mesa de negociación nos produciría gran perplejidad por varias razones: porque el principio de que las negociaciones tienen que producirse entre iguales no tiene lugar, ya que no están al mismo nivel el Gobierno de un Estado y el de una organización regional dentro del mismo; y porque no parece que ambas partes se hayan puesto de acuerdo sobre el objeto de la negociación.

El Gobierno independentista de Cataluña parece que tiene claro que el objeto de su negociación es que la otra parte tramite y finalmente se acuerde por el Parlamento español una amnistía a todos los políticos presos y políticos prófugos de la justicia. Y que se convoque un referéndum de autodeterminación en que participen exclusivamente los ciudadanos españoles empadronados en las cuatro provincias catalanas. Si bien los independentistas nunca han desvelado los elementos sustanciales del referéndum que postulan, entre otros: quién decide la pregunta que hay que hacer a los ciudadanos, si se trata de un referéndum consultivo o decisorio, cuál es el porcentaje de población necesario para que se considere válidamente celebrado y el porcentaje de votos necesario para que la consulta se considere favorable a la pregunta formulada.

Debe observarse que al margen de los matices que exhiben las distintas facciones del independentismo, los objetivos antes mencionados son, por el momento, el techo de sus aspiraciones con la amenaza añadida de que si el Gobierno central no cede a sus pretensiones procederán de nuevo a llevar a cabo una declaración unilateral de independencia.

Pero dicho lo anterior, los independentistas han desvelado que consideran que pueden obtenerse otros avances en la mesa de negociación. Si no se consigue lo más, pueden darse pasos hacia la independencia a base de conseguir que el Estado se siga retirando de Cataluña: obteniendo nuevas transferencias de competencias, consiguiendo el que han llamado «pacto fiscal», atrayendo mayores inversiones del Estado y un largo etcétera de beneficios con la condición de que sean exclusivos para el Gobierno catalán. Y, en paralelo, los independentistas seguirán intoxicando a todo el que se preste dentro y fuera de España con los argumentos a que nos tienen acostumbrados.

Los independentistas saben que el Gobierno central no puede acceder, por el momento, a sus pretensiones-techo, pero puede seguir haciendo concesiones sin que los independentistas tengan que renunciar a sus pretensiones finales, que quedarán intactas después de cada reunión de la mesa negociadora. Los independentistas han diseñado una negociación de máximos y mínimos de la que creen que saldrán ganadores.

Si vemos clara la estrategia negociadora de los independentistas, a corto y a largo plazo, tenemos dudas sobre la estrategia del Gobierno central. Lo único visible, hasta ahora, son los indultos que llevarán a la mesa de negociación a modo de bandera blanca. Según el Gobierno central, los indultos serán algo así como el ungüento de fierabrás que todo lo cura. Pero el caso es que los independentistas ya han descontado los indultos del activo del Gobierno central. E igualmente consideran descontadas las reformas que el Ejecutivo anuncia de los delitos de rebelión y de sedición y de algún otro.

Tiene razón el Gobierno central al reprochar a la oposición que no ofrezca ninguna solución para poner fin al conflicto creado por los independentistas. ¿Pero, acaso tiene el Gobierno alguna solución que se esté guardando en la chistera? Porque es evidente que en tres años que acaban de cumplirse desde que Pedro Sánchez accedió a la presidencia del Gobierno, el diálogo no ha hecho que los independentistas reconsideren sus postulados, más bien parecería que quien se ha acoplado a los postulados del Govern independentista es el Gobierno central.

Si una amnistía a presos y prófugos supusiera poner un punto final (incluso seguido) a las permanentes tensiones que los independentistas crean en Cataluña y fuera de ella, la celebraríamos, pues no sería el primer ejemplo de medida de clemencia que sirve para reconciliar. Pero en las actuales circunstancias, la amnistía, lejos de ser un instrumento de reconciliación, sería un paso más hacia las pretensiones independentistas. Y la posibilidad de modificar la Constitución para poder realizar un referéndum de autodeterminación en Cataluña supondría crear un conflicto de consecuencias dramáticas. Y no menos problemática sería una reforma del Estatut de Cataluña que vulnerara la Constitución.

El independentismo parece instalado en sectores de la sociedad catalana desde hace varios siglos y se puede apreciar que cuando el Gobierno central es fuerte, la presión independentista baja y cuando el Gobierno central es débil la presión independentista crece. Ahora estamos en una fase de la debilidad del Gobierno central que necesita a los independentistas catalanes y vascos para mantenerse en el poder y esto explica la euforia independentista. Esta es una realidad que el Gobierno no quiere reconocer por evidente que sea.

No es situarse en una posición pesimista considerar que el conflicto creado por los independentistas no tiene solución. Conflicto que ha sido comprado por cientos de miles de catalanes. Siempre ha sido así a lo largo de nuestra historia y sigue siendo así en Escocia, donde los independentistas, pese a perder el referéndum celebrado sobre su separación del Reino Unido, no han desistido de sus pretensiones. Y lo mismo puede decirse de los independentistas de Quebec y de otros independentismos y conflictos étnicos, religiosos o de otra naturaleza que pueblan nuestro mundo. Lo que diferencia a los independentistas españoles es que, a diferencia de los escoceses o quebequeses, los nuestros están dispuestos a vulnerar la Constitución y las leyes.

Quienescreemos que el conflicto creado por los independentistas catalanes no tiene solución, consideramos que la estrategia del Gobierno central debería ser la de ganar tiempo.